
César Lévano
Razón Social
En días pasados estuve internado en la sala de cuidados intensivos de una Clínica de Emergencia de Essalud. Debo agradecer la atención de los notables médicos de ese nosocomio, muy jóvenes casi todos. Debo agradecer asimismo la oportunidad que me brindaron de auscultar, en breves diálogos, sus opiniones.
Uno de ellos, culto y lúcido, me dijo: “Yo tuve una profunda fe socialista en mis días de estudiante; pero después de graduarme de médico me dediqué a estudiar epistemología. He llegado a la conclusión de que los estados socialistas no cumplieron su objetivo. Pero no abandono la convicción de que los valores supremos son la solidaridad y la justicia, que deben ir acompañados de la libertad. Admiro en usted la firmeza de su fe en esos valores. Yo estoy en una etapa de incertidumbre”.
Esta reflexión ha de ser compartida por muchos en el Perú.
Algo falló en la historia, a pesar de que el ideal socialista animó luchas justas de liberación nacional y social, y brindó ejemplos de coraje y heroísmo, lejos de todo egoísmo.
Tales ideas cruzaron por mi mente justo cuando acababa de producirse en Corea del Norte la consagración del nietecito de Kim Il Sung como sucesor de su padre, el cual a su turno heredó el trono gubernamental. Después de muerto, Kim Il Sung fue designado “presidente eterno” de su país.
Me pregunto, ¿para eso lucharon los revolucionarios coreanos?
La izquierda de raíces marxistas tiene que cumplir un esfuerzo autocrítico, un examen de conciencia histórica. Una tarea gigantesca que debe empezar por el abandono de dogmas y sectarismos, no de principios. En un acto reciente me obsequiaron ejemplares del periódico Voz proletaria. Todos sus textos tienen un solo tema: defender a Stalin. Afirman que en todo el mundo los pueblos reivindican la memoria de Stalin. ¿En qué planeta viven esos compañeros?
Eso significa, en el fondo, que si por desgracia llegaran al poder estarían dispuestos a repetir abusos y crímenes documentados por la historia. Por reflexiones como ésta, un dirigente de cierta izquierda me colmó de agravios en un esfuerzo “teórico” de ocho o diez páginas.
Estas ideas pueden parecer intempestivas. Son intempestivas. Lo son en el sentido de que no se atan a la oportunidad o el interés. Vienen al caso, creo, porque está llegando a su término la batalla electoral municipal de Lima, que ha sido, a mi entender, un ensayo general para las elecciones de 2011.
La derecha y sus mentores imperiales prepararon el escenario que ahora se presenta: el optimismo ciego de algunos, la incertidumbre saludable de otros, el abandono de las ideologías de muchos.
Hay quienes creen que los políticos sólo se encarnan a sí mismos. Alejandro Toledo es, dicen, de centro izquierda. ¡No me digan! Que averigüen por sus mentores estadounidenses.
Uno de ellos, culto y lúcido, me dijo: “Yo tuve una profunda fe socialista en mis días de estudiante; pero después de graduarme de médico me dediqué a estudiar epistemología. He llegado a la conclusión de que los estados socialistas no cumplieron su objetivo. Pero no abandono la convicción de que los valores supremos son la solidaridad y la justicia, que deben ir acompañados de la libertad. Admiro en usted la firmeza de su fe en esos valores. Yo estoy en una etapa de incertidumbre”.
Esta reflexión ha de ser compartida por muchos en el Perú.
Algo falló en la historia, a pesar de que el ideal socialista animó luchas justas de liberación nacional y social, y brindó ejemplos de coraje y heroísmo, lejos de todo egoísmo.
Tales ideas cruzaron por mi mente justo cuando acababa de producirse en Corea del Norte la consagración del nietecito de Kim Il Sung como sucesor de su padre, el cual a su turno heredó el trono gubernamental. Después de muerto, Kim Il Sung fue designado “presidente eterno” de su país.
Me pregunto, ¿para eso lucharon los revolucionarios coreanos?
La izquierda de raíces marxistas tiene que cumplir un esfuerzo autocrítico, un examen de conciencia histórica. Una tarea gigantesca que debe empezar por el abandono de dogmas y sectarismos, no de principios. En un acto reciente me obsequiaron ejemplares del periódico Voz proletaria. Todos sus textos tienen un solo tema: defender a Stalin. Afirman que en todo el mundo los pueblos reivindican la memoria de Stalin. ¿En qué planeta viven esos compañeros?
Eso significa, en el fondo, que si por desgracia llegaran al poder estarían dispuestos a repetir abusos y crímenes documentados por la historia. Por reflexiones como ésta, un dirigente de cierta izquierda me colmó de agravios en un esfuerzo “teórico” de ocho o diez páginas.
Estas ideas pueden parecer intempestivas. Son intempestivas. Lo son en el sentido de que no se atan a la oportunidad o el interés. Vienen al caso, creo, porque está llegando a su término la batalla electoral municipal de Lima, que ha sido, a mi entender, un ensayo general para las elecciones de 2011.
La derecha y sus mentores imperiales prepararon el escenario que ahora se presenta: el optimismo ciego de algunos, la incertidumbre saludable de otros, el abandono de las ideologías de muchos.
Hay quienes creen que los políticos sólo se encarnan a sí mismos. Alejandro Toledo es, dicen, de centro izquierda. ¡No me digan! Que averigüen por sus mentores estadounidenses.