LIMA-PERÚ.Miércoles 24 de Febrero del 2,010
Gráfico,tomado del Wall Photos de "El Otorongo"
LIMA-PERÚ.Miércoles 24 de Febrero del 2,010
Gráfico,tomado del Wall Photos de "El Otorongo"
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Por: Alan Fairlie
afairli@pucp.edu.pe
23-2-2010
Aún en el contexto de crisis internacional, la actual administración no solo desechó el uso de la política comercial como un instrumento para enfrentarla, sino que siguió impulsando TLCs.
La prioridad ha estado en firmar acuerdos comerciales con países desarrollados. Primero fue EEUU, a fin de mes se podría cerrar negociaciones con la Unión Europea. Se ha suscrito un acuerdo con EFTA. También, el polémico tratado con China y las actuales negociaciones con Japón y Corea.
En contrapartida, se ha tenido una escasa dinámica en el vecindario. Una excepción es el malhadado y asimétrico TLC con Chile. Con México no se pudo culminar un TLC y solo se amplió la vigencia del acuerdo de complementación. En la CAN, nos hemos alineado ideológicamente con Colombia en una posición funcional a los intereses que EEUU defiende en la región, y hemos tenido conflictos sistemáticos con Venezuela y Bolivia. No se pudo o no se quiso tener una relación más pragmática, como con Ecuador.
Con el MERCOSUR, las relaciones han sido frías y distantes, especialmente con quien fuera un aliado como Argentina. Con Brasil, correctamente se trató de dar un gran dinamismo político, aunque no necesariamente se hayan logrado los avances deseados, a pesar de la ejecución de tramos del IIRSA. La integración energética es en principio positiva, siempre que se satisfagan las observaciones ambientales y regionales que se han hecho.
Los acercamientos con Brasil y China son fundamentales, a lo que debería sumarse un mayor vínculo con otros países emergentes y BRICs, participando activamente con ellos en las coaliciones que impulsan en los foros multilaterales y en los mecanismos de cooperación sur-sur. Consideramos estratégica la relación con Brasil y China, siempre y cuando no se reduzca a una visión mercantilista y se desarrollen de todos los planos posibles de acuerdo y cooperación, incluido el de la defensa. Eso no obvia la necesidad de tomar previsiones y medidas para que no se afecten sectores productivos y regiones.
A nivel vecinal, ha sido una excelente decisión la de nombrar al embajador Rodríguez Cuadros en Bolivia. Es fundamental retomar los históricos lazos de hermandad que tenemos con el país altiplánico, al más breve plazo posible. Este gesto debería ser el inicio de una política de unidad nacional en el frente externo.
Lamentablemente, se mantiene con Chile una política de debilidad y de concesiones que los vecinos piden (o no) y se dan. Declaraciones de "molestia" frente al caso del espionaje, pero visitas oficiales y encuentros empresariales como si nada pasara. Retorno de nuestro embajador a Santiago sin que se haya producido ninguna explicación del incidente. Silencio absoluto frente a ataques de autoridades y sectores antiperuanos del sur, y sanción y escarnio público a civiles y militares que responden internamente.
Presiones para que el Tribunal Constitucional no declare inconstitucional el tratado y coordinación con los medios masivos para dar una interpretación sesgada de su fallo. Como ha señalado el grupo Basadre, la precisión del concepto y ámbito del territorio, y la inclusión del criterio de seguridad nacional como una de las causales de expropiación, obligaría a una renegociación del TLC con Chile. Aunque, lo que contribuiría a la unidad nacional sería que el Ejecutivo deje sin efecto el TLC con Chile (según los mecanismos que este señala), hasta que no culmine el diferendo marítimo en La Haya, y no persistir en la nefasta política de "cuerdas separadas".
Con la crisis, la apuesta por los acuerdos norte-sur ha resultado una decepción. La disminución del comercio y la participación de EEUU luego de suscribir un TLC, es una paradoja. La ilusión del gran crecimiento exportador y la lluvia de inversiones, se postergan hasta nuevo aviso. En ese contexto, China emerge como un actor más relevante.
La ideologización de las relaciones externas que implica el alineamiento con EEUU, y el estrechamiento de vínculos con Colombia y Chile (a pesar de La Haya), no parecen convenientes al interés nacional. El Perú debería persistir en la integración latinoamericana, a pesar de la diversidad existente. La política de TLCs y su agenda de implementación han implicado tensiones con la integración regional, generadas también por posiciones maximalistas del otro extremo.
Más allá de la intención de buscar acceso a mercados, lo que se ha descuidado es el aumento y diversificación de la oferta exportable y el impulso a la competitividad sistémica del país. Esto supone prioridad en educación, investigación y desarrollo, apoyo a las cadenas productivas, a las PYMES y las regiones. Políticas sectoriales compatibles con la OMC que logren un equilibrio Estado-mercado y genere un crecimiento sostenido con políticas activas que reduzcan la exclusión y la desigualdad. Lamentablemente, se optó por el camino opuesto, la política del "perro del hortelano". La profundización de la versión más burda y superada del Consenso de Washington.
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El desastre que se abatió sobre Haití, arrasando Puerto Príncipe, matando a millares de personas y privando al pueblo de las estructuras mínimas para la supervivencia, es una prueba para la humanidad. Según los pronósticos de quienes siguen sistemáticamente el estado de la Tierra, no pasará mucho tiempo antes de que nos enfrentemos a varios Haitíes, con millones y millones de refugiados climáticos, provocados por eventos extremos que podrán ocasionar una verdadera devastación ecológica y destruir incontables vidas humanas.
En este contexto dos virtudes, ligadas a la esencia de lo humano, deben alcanzar especial relevancia: la hospitalidad y la solidaridad.
La hospitalidad, ya lo vio el filósofo Kant, es un derecho y un deber de todos, pues todos somos habitantes, o mejor, hijos e hijas de la misma Tierra. Tenemos derecho a circular por ella, a recibir y ofrecer hospitalidad ¿Estarán las naciones dispuestas a atender este derecho básico de aquellas multitudes que ya no puedan vivir en sus regiones supercalentadas, sin agua y sin cosechas? El instinto de supervivencia no respeta los límites de los estados-naciones. Los bárbaros de antaño derribaron imperios y los nuevos «bárbaros» de hoy no harán otra cosa, en caso de que no sean exterminados por los que usurparon la Tierra para sí. Paro aquí porque los escenarios probables y no imposibles son dantescos.
La segunda virtud es la solidaridad. Ella es inherente a la esencia social del ser humano. Ya los clásicos del estudio de la solidaridad como Renouvier, Durkheim, Bourgeois y Sorel enfatizaron el hecho de que una sociedad no existe sin la solidaridad de unos hacia otros. Supone una conciencia colectiva y el sentimiento de pertenencia de todos. Todos aceptan de una manera natural vivir juntos para realizar juntos la política, que es la búsqueda conjunta del bien común.
Debemos someter a crítica el concepto de la modernidad que parte de la absoluta autonomía del sujeto en la soledad de su libertad. Se dice: cada uno debe hacer lo suyo sin necesidad de los otros. Para que los seres humanos así solitarios puedan vivir juntos necesitan de hecho un contrato social, como el elaborado por Rousseau, Locke y Kant. Pero ese individualismo es falso e ilusorio. Hay que reconocer el hecho real e irrenunciable de que el ser humano es siempre un ser de relación, un-ser-con-los-otros, entretejido siempre en una urdimbre de todo tipo de conexiones. Nunca está solo. El contrato social no funda la sociedad, sólo la ordena jurídicamente.
Además, la solidaridad posee un trasfondo cosmológico. Todos los seres, desde los topquarks pero especialmente los organismos vivos, son seres de relación y nadie vive fuera de la red de inter-retro-conexiones. Por eso, todos los seres son solidarios recíprocamente. Cada uno ayuda al otro a sobrevivir —es el sentido de la biodiversidad— y no necesariamente son víctimas de la selección natural. A nivel humano, en vez de la selección natural, por causa de la solidaridad, introducimos el cuidado, especialmente para con los más vulnerables. Así no sucumben a los intereses excluyentes de grupos o de un tipo de cultura feroz que coloca la ambición por encima de la vida y de la dignidad.
Hemos llegado a un punto de la historia en el cual todos nos descubrimos entrelazados en una única geosociedad. Sin la solidaridad de todos con todos y también con la Madre Tierra no habrá futuro para nadie. Las desgracias de un pueblo son nuestras desgracias, sus lágrimas son nuestras lágrimas, sus avances, nuestros avances. Sus sueños son nuestros sueños.
Bien decía el Che Guevara: «La solidaridad es la ternura de los pueblos». Es la ternura que tenemos que dar a nuestros sufrientes hermanos y hermanas de Haití.
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23-02-2010
Traducción para Rebelión de Loles Oliván |
Associated Press citaba a Hill prediciendo “días difíciles, violentos e inclementes” antes de las votaciones del 7 de marzo. Las advertencias plantean graves interrogantes sobre las declaraciones de hace unos días del vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden cuando afirmaba que Iraq es el “gran logro" de la Administración Obama. Ni Biden ni el presidente Barak Obama están en condiciones todavía de declarar que Estados Unidos ha ganado la victoria en Iraq. En 2007, ambos aconsejaron la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq, pero el ex presidente George W. Bush optó por el "aumento" militar que la Administración Obama tiene “la responsabilidad” de reducir ahora. Sin embargo, ni el aumento ni la reducción han producido su objetivo declarado, una democracia segura; en su lugar, avanza un régimen sectario pro –iraní.
Las próximas elecciones iraquíes previstas para el 7 de marzo ya han enredado a Estados Unidos e Irán (los dos principales beneficiarios de la invasión de Iraq liderada por los estadounidenses en 2003) en una lucha de poder que ninguna de las dos partes se preocupa ya por contener dentro de los límites de los acuerdos bilaterales sobre coordinación en materia de seguridad que se formalizaron a través de decenas de reuniones públicas y privadas para “dialogar” en Bagdad entre los embajadores de Estados Unidos, Ryan Crocker y Zalmay Khalilzad, y sus homólogos de Irán, hasta el término de la Administración Bush. Esta lucha abierta por el poder indica que se ha acabado la luna de miel de la coordinación bilateral sobre seguridad en Iraq o que está a punto de acabarse, un augurio muy negativo para el pueblo iraquí.
A pesar de hacer sonar los tambores de guerra, el gobierno de Barak Obama sigue comprometido con lo que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, describió en la capital saudí de Riyad, el 15 de febrero como el "enfoque de una doble vía" que se centra simultáneamente en la guerra y en la diplomacia para crear un consenso internacional sobre sanciones contra Irán, bajo el paraguas de Naciones Unidas. Añádase a ello que Washington está conteniendo un ataque unilateral de Israel contra Irán y retrasando su aprobación a la insistente demanda israelí de la guerra como única opción; que los militares de EE.UU. en Iraq son capaces de hacer frente a las milicias iraníes y a las redes de inteligencia dentro de Iraq, pero que han elegido no hacerlo todavía; todo ello son indicadores de que Washington contempla aún un acuerdo de reparto de poder con Irán en Iraq.
Sin embargo, Teherán no estaría dispuesto a renunciar a su influencia anti estadounidense en Iraq mientras Washington mantenga su estrategia actual de asegurar los logros de la lucha de poder entre Estados Unidos e Irán en Iraq trasladándola al propio país iraní. Más aún, Teherán está respondiendo desesperadamente a dicha estrategia estadounidense tratando de desbaratar la plataforma de lanzamiento árabe del frente anti-iraní a cuya creación se refirió Clinton en Riad cuando afirmó que su Administración estaba "trabajando activamente con nuestros socios regionales e internacionales", donde quiera que Irán sea capaz de hacerlo, desde la Palestina de Gaza, a Líbano y Yemen. Washington está explotando las "acciones cada vez más inquietantes y desestabilizadoras de Irán", según expresión de Clinton, como un casus belli adicional para convencer a los socios árabes de que se unan a ese frente. Estados Unidos e Irán están convirtiendo todo el Oriente Próximo, con su epicentro árabe, en un escenario de un sangriento juego del “ojo por ojo, diente por diente” con Iraq como premio final.
El gran conflicto general de Estados Unidos e Irán en Oriente Próximo tiene que ver con Iraq y no con Irán. El factor palestino e israelí son una mera distracción y una maniobra de propaganda de los dos protagonistas en su guerra psicológica para ganar los corazones y las mentes de los impotentes árabes, de los palestinos en particular, que están siendo aplastados sin piedad con su maquinaria bélica, y a los que no les queda nada más que su patrimonio religioso como única salida para buscar refugio y salvamento, mientras que a los 22 Estados miembros de la Liga Árabe se les arrincona para que elijan entre lo malo y lo peor.
Por eso Clinton no tenía casi nada importante que decir sobre Iraq durante la conferencia de prensa conjunta con su homólogo saudí Saud Al Faisal quien, sin embargo, por razones geopolíticas explícitas, no pudo ignorar la cuestión iraquí: "Esperamos que las próximas elecciones harán realidad las aspiraciones del pueblo iraquí de lograr la seguridad, la estabilidad, la integridad territorial y la consolidación de su unidad nacional sobre la base de la igualdad entre todos los iraquíes, independientemente de sus diferencias confesionales y sectarias, y de proteger a su país en contra de cualquier intervención extranjera en sus asuntos", declaró a los periodistas. Pero la "intervención extranjera", o más claramente la ocupación militar de Estados Unidos y paramilitar de Irán, es exactamente lo que dará al traste con las esperanzas del príncipe.
El editorial de The Washington Post del 20 de enero, titulado "La administración Obama debe intervenir en la crisis electoral iraquí", era en realidad engañoso porque la intervención de Estados Unidos no ha cesado ni un momento en el Iraq "soberano". Militarmente, el teniente coronel estadounidense Robert Fruehwald y el General de División iraquí Shakir, por ejemplo, han estado trabajando juntos en los últimos nueve meses para preparar las próximas elecciones en el distrito de Kadimiya de Bagdad, y lo mismo ha ocurrido en todos los distritos de todas las provincias iraquíes. En el marco del Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA) se supone que las tropas estadounidenses deben permanecer fuera de los centros urbanos y todas las operaciones militares deben llevarse a cabo con la aprobación del gobierno iraquí. Sobre el terreno, los “asesores” militares de Estados Unidos están incrustados en las fuerzas de seguridad iraquíes, seleccionando objetivos y dirigiendo operaciones apoyadas si es necesario por bombardeos aéreos masivos.
Políticamente, todos los "secretarios" y altos funcionarios del gobierno que tienen que ver con Iraq están interviniendo púbicamente acerca de quién y a quién se “debería” o se “debe” incluir o excluir en las elecciones. Por ejemplo, el embajador de EE.UU. en Iraq, Christopher Hills afirmó que “ningún ba’asista" debería presentarse a las elecciones. Contradiciendo a Hills, Clinton dijo que Estados Unidos se opondrá a “cualquier exclusión”. El 10 de febrero, el vice presidente Joe Biden, en su intervención en Larry King Live, de la CNN, expresó con orgullo el alcance de su intervención: "[…] He estado allí 17 veces. Voy cada dos ó tres meses. Conozco a cada uno de los principales actores de todos los segmentos de la sociedad”. El 4 de febrero, The New York Times, sostenía en un editorial que Biden estaba en Bagdad “para presionar al gobierno” sobre quién debe presentarse a las elecciones. El presidente iraquí Yalal Talabani confirmó que Biden había propuesto que "la privación del derecho (de los candidatos) se aplace hasta después de las elecciones”.
El presidente Obama, que manifestó recientemente que "estamos dejando Iraq a su pueblo responsablemente” debería velar por su credibilidad frente a las declaraciones contradictorias (y que le contradicen) de sus colaboradores.
Del mismo modo, Irán se ha auto-impuesto como árbitro de la política iraquí. El diario oficial Teherán Times, en un editorial firmado por un “escritor de plantilla”, defendió la prohibición a los candidatos porque "la mayoría son reminiscencias del régimen ba’asista" apoyados por "ciertos países árabes". El “controvertido” presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, en el 31 aniversario de la revolución islámica, acusó a Estados Unidos —que todavía está pagando "un precio terrible", según Biden, por haber arrancado al partido Ba’as del poder— de tratar de imponer nuevamente al partido Ba’as en el poder. El portavoz de Neyad en Iraq, Ahmed Chalabi —que fue el favorito de los neoconservadores estadounidenses de la Administración Bush, cuyos informes fueron citados por ellos como casus belli para la invasión de Iraq, que resultó ser un agente doble de Irán, y que intenta prohibir a los políticos iraquíes más opuestos a la creciente influencia iraní en Iraq con la vista puesta en el cargo de próximo primer ministro— en conferencia de prensa el 14 de febrero condenó “la intervención de Estados Unidos en los asuntos iraquíes", citando a Biden y a Hills como ejemplos.
El “precio terrible” de la invasión iraquí al que se refirió Biden en el programa “Encuentro con la Prensa” de la NBC el 15 de febrero, todavía tiene que pagarse. Chalabi no era la única voz pro-iraní que desafiaba la estrategia de Estados Unidos en Iraq. Al primer ministro Nuri al Maliki, fue grabado cuando decía "No vamos a permitir que el embajador estadounidense Christopher Hill, vaya más allá de su misión diplomática"; sus colaboradores pidieron la expulsión de Hill. Estos son políticos profesionales. ¿Cuáles son sus recursos para desafiar a Estados Unidos, cuyos soldados les están protegiendo y el dinero de cuyos contribuyentes les ha financiado por sus credenciales iraníes?
En una columna publicada en The Nation el 8 de febrero y titulada “De mal en peor en Iraq”, Robert Dreyfuss escribía: “A pesar de la presencia de más de cien mil tropas estadounidenses, la influencia de Estados Unidos en Iraq se está desvaneciendo rápidamente mientras crece la de Irán", y añadía: “En el momento en que George W. Bush tomó la fatídica decisión de barrer el gobierno iraquí e instalar exiliados pro-iraníes en Bagdad, la suerte estuvo echada. El presidente Obama no tiene más remedio que hacer las maletas e irse”.
Los autoproclamados nacionalistas laicos que han sido y siguen siendo una parte integral del denominado “proceso político” ideado por Estados Unidos, están perdiendo la batalla en tal proceso. La desba’asificación, que originariamente fue una marca comercial estadounidenses de Paul Bremer, el primer gobernador civil de Iraq después de la invasión de 2003, no es sino un pretexto para descalificar a quien se oponga a Irán y a su programa sectario en Iraq. Se está desarrollando un régimen sectario pro-iraní para excluir no sólo el laicismo y la democracia, sino para cimentar una base de poder de Irán en Iraq, que más pronto o más tarde extenderá el sectarismo en toda la región en lugar de convertir al país en una plataforma de lanzamiento para la democracia en Oriente Próximo, según lo prometido por los neoconservadores estadounidenses para justificar su invasión del país hace siete años.
Thomas Ricks, ganador del premio Pulitzer y corresponsal militar y ex corresponsal del Pentágono en de The Washington Post, ha sugerido recientemente que "al final de la agitación, los problemas políticos fundamentales que enfrenta Iraq son los mismos que cuando aquella comenzó. La teoría de la agitación era que la mejora de la seguridad conduciría a un avance político. No fue así. La mejora de la seguridad abrió una ventana pero no dio lugar a un avance político. En ese sentido, la agitación ha fracasado”.
Ricks, sin embargo no advierte que la retirada inminente de las tropas estadounidenses de Iraq está a punto de llevarse a cabo sobre el telón de fondo de ese “fracaso” y que la retirada, como antes la agitación, está condenada al fracaso por la misma razón, a saber, por el régimen sectario que ambas hicieron todo lo posible por mantener como su agente en Iraq.
* Nicola Nasser, árabe palestino de Bir Zeit, Cisjordania, es periodista.
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