
Las fotografías que ilustran este breve comentario, a propósito de celebrarse en el Perú el Día del Periodista, reflejan solo dos de los muchos lados que tiene esta profesión - oficio. En la primera vemos la presencia de los periodistas y su atención ante algún hecho de interés general en su afán de conseguir la información más fidedigna posible, aquella que se acerque lo más que se pueda a la verdad. La segunda foto es tomada del blog de la periodista Sanjuana Martínez, asociada a El boomeran, y refleja el riesgo que asumen los periodistas cuando precisamente llegan a esa verdad que tanto buscan y que otros tratan de esconder.
Otros periodistas e instituciones que los agrupan, más y mejor informados, pueden dar datos y cifras para demostrar esta frágil condición en que se encuentran los comunicadores sociales, especialmente aquellos que están trabajando en zonas de conflicto o riesgo y peligro. Por ahora creo oportuno, y suficiente, reiterar el delicado papel que cumple el periodismo en nuestras sociedades.
Mantener la estabilidad social, aportar al fortalecimiento de la democracia y proponer permanentemente cambios a favor de los sectores menos favorecidos, pueden ser los objetivos del periodismo, los que se logrararán precisamente informando con verdad, haciendo un trabajo honesto y actuando siempre con ética y siguiendo las recetas académicas de educar, informar y entretener. Aunque la realidad termine dándonos más nombres que hacen todo lo contrario, habrá que insistir en que el oficio nos pone casi siempre en la cuerda floja.
Nuestra vida personal, íntima y ya no tan secreta, es otra fuente que nos cuestiona permanentemente. Ahí los riesgos son distintos. No es igual soportar la mirada furiosa de un político acusado de corrupción que sostener la mirada de tu hija que se despide. ¿Qué decir y qué hacer? Aunque la respuesta parezca fácil, siempre habrá en el fondo de la verdad otra verdad, una más intensa y secreta, gobernada por el amor.
Larga es la lista de los periodistas que han muerto a manos de quienes ostentan el poder, y tal vez sea más larga la de aquellos que han callado su voz por el tormento interno y espiritual que la vida les ha impuesto. A ellos hay que abrazarlos.