
(1) Mostrando a César Hildebrandt documento de la persecución policial (Domingo 11 de enero de 2009). (2) Cuatro de los “investigados”: Aurich, Raffo, Moreno y Céspedes. (3) Mayor Max Anhuamán.
El jefe de la Unidad de Investigación de LA PRIMERA, Raúl Wiener, ha adelantado de manera rotunda e indubitable, que de ninguna manera revelará sus fuentes de información, si la Dircote y la Fiscalía pretenden que diga quién le suministró los documentos que usó para hacer pública una operación de esa unidad policial, dependiente del gobierno, para acusar de terrorismo a 13 dirigentes populares.
En esta oportunidad adelanta a los lectores lo que será su argumentación en esa comparecencia, fijada para mañana.
Si la citación fiscal que se me hace indicara que la policía quiere indagarme para saber si sé algo por ejemplo sobre la colocación de bombas en las calles de Bogotá, o sobre los secuestros o sobre el frente del Putumayo en la frontera con el Perú, sobre lo que obviamente no sé nada, entendería que debo ir a demostrarle al mayor Anhuamán Centeno que se ha equivocado de persona.
Pero no puedo hacerlo porque la notificación no especifica un solo hecho, ni menos indica cómo habría sido mi eventual participación. Por tanto, no cumple los requisitos de una investigación motivada, sino que se hace, hablando en cristiano, porque a alguien le da la gana de joder.
Si la investigación que está en curso viene por lo menos desde el mes de septiembre, cómo es posible que cinco meses después no se hayan cumplido los requisitos mínimos para llegar a una ampliatoria de investigación como la que se pretende:
(a) no se ha precisado la naturaleza del supuesto delito que se imputa y de los hechos que lo componen;
(b) no se ha individualizado las supuestas responsabilidades;
(c) no se han precisado fechas;
(d) no se han requerido los testimonios de los implicados y de posibles testigos.
A pesar de las notorias deficiencias de la investigación, el Informe Policial del 10 de noviembre llega a la exótica conclusión de que “ha determinado que las personas… identificadas se hallan incursas en delito de terrorismo (DL 25475)…”, lo que supondría penas hasta por 30 años de privación de la libertad, lo que linda con el absurdo.
El hecho adicional que ahora se me incluya en la lista de citados en este caso, del cual no era parte, pues ni soy mencionado en el informe inicial, agrava la situación ya que muestra que se está trabajando con un alto grado de ambigüedad para seguir involucrando personas a discreción. La Policía (y por extensión el Ministerio del Interior y el Poder Ejecutivo) incurren en un evidente exceso de sus atribuciones y en franca violación de la independencia del Ministerio Público, al solicitar las detenciones de 13 dirigentes políticos y sociales de oposición y la comparecencia de grado o fuerza del ex candidato, también opositor, Ollanta Humala.
Este solo hecho desbarata el argumento del ministro Hernani, de que el gobierno no tiene nada que ver, que no hay siquiera persecución en marcha y que todo se origina en una fiscal que cree estar descubriendo terroristas con llamadas telefónicas a Bogotá.
En mi caso, sólo es posible pensar que lo que me relaciona con la investigación es haber hecho pública la intención de detener a varias personas y puesto en blanco y negro la fragilidad de las acusaciones de la Dircote.
Es un hecho insólito que el periodista que denuncia un abuso de la Policía o cualquier otro órgano del Estado, termine convertido en parte de la investigación abusiva.
El carácter de represalia que adquiere este procedimiento, salta a la vista revisando las citaciones que se han hecho a algunos de la lista de personas solicitadas para su detención, que son exactamente iguales a la mía.
O sea que ahora somos 14 en la lista del mayor Anhuamán de la Diviti.
Adicionalmente hay que puntualizar que la “confidencialidad” y “reserva” que se exige guardar a los notificados respecto a la investigación penal que se lleva en su contra, es violatoria del derecho a la defensa pública que corresponde a todo ciudadano y se agrava en el caso mío en tanto pretende recortar mi derecho al ejercicio profesional.
Pero resulta, además, risible, ya que ninguno de los investigados sabemos exactamente por qué se nos persigue, lo que hace imposible que podamos revelar información que pudiese afectar los valores que se invocan: seguridad del Estado y relaciones internacionales, por todo lo cual no puede entenderse la mordaza sino en el sentido de obligar a que no se hable de la citación misma. La notificación fiscal llega acompañada, en relación al punto de la “reserva”, de un “apercibimiento de incurrir en infracción penal”, lo que no tiene antecedentes.
En realidad no se puede “apercibir”, sino advirtiendo, dando cuenta, de las consecuencias puntuales que podría arrastrar el incumplimiento de un determinado mandato; por ejemplo “apercibimiento” de ser citado de grado o fuerza, apercibimiento de multa, etc. No se puede “apercibir” invocando al código penal y a una infracción genérica como amenazas, ya que si así fuera el caso, el notificado no tendría un aviso exacto sobre los efectos de lo que haga o deje de hacer. Es increíble que una fiscal Supraprovincial, es decir especialmente calificada, incurra en este tipo de “errores”.
El datero de la Chichi
Este es Max Orlando Anhuamán Centeno. El perseguidor de terroristas imaginarios.
El que va a interrogar a Raúl Wiener de LA PRIMERA este miércoles, por pedido de la 3ra Fiscalía, a la que a su vez recomendó antes detener a 13 ciudadanos como si tuviera alguna jerarquía sobre el Ministerio Público.
El que, como acaba de revelarse en el programa de César Hildebrandt, “El Perro del Hortelano”, era la fuente de datos de Chichi Valenzuela y Gilberto Hume para construir la “idea madre” de que el problema principal del Perú son las múltiples conspiraciones sobre las que ellos especulaban alrededor de la mesa, y los terroristas aquellos sobre los que se pusieran de acuerdo.
Max Anhuamán es mayor de la Policía Nacional del Perú e integrante de la División de Investigación sobre Terrorismo Internacional Diviti, responsable del informe del 10 de noviembre que LA PRIMERA sacó a luz en las vísperas de la APEC, lo que la conductora de “La Ventana Indiscreta” calificó de “hacer el juego al terrorismo” y echar a perder “una investigación seria” para descubrir a los que amenazan al país.
Ahora, por la declaración de César Hildebrandt Chávez, ex reportero de ese programa, ex gerente de angenciaperu.com, la empresa de producciones de Valenzuela-Hume, sabemos que Anhuamán Centeno “investigaba” paralelamente al programa de televisión los mismos temas e idénticas personas.
Por eso vimos que el Informe de la Diviti ante la fiscal Escajadillo, no tiene problemas en mostrar como evidencias fotos de la “Ventana Indiscreta” con Ollanta Humala brindando con el embajador cubano y el diputado venezolano Almikar Figueroa como tremenda “prueba” de los vínculos del ex candidato presidencial con las FARC.
Y también supimos que antes que la policía de Colombia entregara “información confidencial” a la fiscal de la Nación del Perú, para que investigue a diversos ciudadanos a los que de alguna manera se les relaciona con los contenidos de la computadora de Raúl Reyes, los urracos de la Chichi estuvieron en Bogotá trabajando con el gobierno de Uribe para armar programas de denuncia contra militantes de izquierda y dirigentes de oposición en el país.
Es decir que Chichi y sus amigos hicieron de Anhuamán en Colombia, para que Anhuamán haga de Chichi en el Perú.
¿Dónde se ha visto una relación tan promiscua entre un programa de televisión que apelaba a la credibilidad pública y los aparatos de la policía? Una hipótesis posible es que a Anhuamán y Valenzuela les faltara tema y se hubieran dedicado a la actividad –quién sabe si lucrativa-, de levantar fantasmas para después perseguirlos y hacer méritos ante políticos y empresarios asustados (recuérdese el caso del “atentado” contra García en diciembre de 2006, que nunca existió).
Otra hipótesis, más siniestra, es que estas “investigaciones” no sean de creación propia; sino hechas por encargo, con la técnica de perseguir primero a marginales, para crear el clima enrarecido de denuncias que necesitarían para pasar a acusaciones y a objetivos mayores. ¿Con cuál se quedan?
Raúl Wiener
Unidad de Investigación