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Foto satelital del emirato islámico independiente de Baba Amro. La
prensa atlantista interpreta la columna de humo que se eleva sobre el
barrio como una prueba de los bombardeos.
Los países miembros de la OTAN y del Consejo de
Cooperación del Golfo (CCG) no han logrado desatar un ataque
convencional contra Siria. Pero estuvieron preparándolo a lo largo de 10
meses, mediante una guerra de baja intensidad, acompañada de una guerra
económica y mediática. La ciudad de Homs ha sido presentada como
símbolo de ese enfrentamiento. El llamado ejército «sirio» libre se
apoderó de los barrios de Baba Amro e Inchaat, proclamando allí un
emirato islámico que ofrece una imagen de su proyecto político.
Con el respaldo de Rusia –aún traumatizada por la experiencia del
emirato islámico de Ichkeria– y de China, países preocupados por la
protección que el gobierno de Damasco está obligado a prestar a sus
ciudadanos, el ejército nacional sirio emprendió el asalto el 9 de
febrero de 2012, después de haber agotado todas las posibilidades de
mediación. Ya derrotado, el ejército «sirio» libre se atrincheró
entonces en una zona de unas 40 hectáreas. Inmediatamente cercada por
las fuerzas leales al gobierno, esta zona fue reduciéndose en los días
posteriores y acabó por caer en manos de las fuerzas de Damasco este 1º
de marzo. En venganza, los últimos elementos armados del emirato
masacraron a los cristianos de 2 localidades que atravesaron en su huida
hacia el Líbano.
Durante todo ese tiempo, grandes medios de prensa han sido utilizados
para camuflar la sórdida y cruel realidad de aquel emirato y para
divulgar en su lugar la imagen ficticia de una revolución aplastada por
la represión. Se ha insistido especialmente en hacer creer que miles de
civiles se hallaban bajo fuego de la artillería siria, e incluso de la
aviación. En medio de todo ese sistema de propaganda se hallaba un
Centro de Prensa utilizado por los canales de televisión vía satélite de
los países de la coalición antisiria, como los canales Al-Jazeera, de
Qatar; Al-Arabiya, de Arabia Saudita; France24, de Francia, la BBC del
Reino Unido y la estadounidense CNN, todos bajo la coordinación de
periodistas israelíes.
Entre la versión de los hechos que ofrecen la Organización del
Tratado del Atlántico Norte y el Consejo de Cooperación del Golfo por un
lado y, por el otro, la versión de la Organización de Cooperación de
Shangai (OCS), la opinión pública de los países occidentales está en
todo su derecho de preguntarse quién dice realmente la verdad.
Trataremos por ello de aportar aquí elementos de juicio decisivos que
permitan aclarar la verdad. Para lograrlo, utilizaremos los videos
transmitidos por los canales televisivos occidentales y los de los
países del Golfo, los testimonios recogidos entre los sobrevivientes por
la oficina de la Red Voltaire en Siria y los documentos descubiertos en
el Centro de Prensa del emirato.
El doble rostro de los reporteros occidentales
Varios periodistas occidentales bloqueados en el emirato estuvieron
lanzando llamados de auxilio a través de Internet. En las imágenes, dos
de esos periodistas aparecen heridos y el tercero parece gozar de buena
salud. Sus gobiernos convirtieron el salvamento de estos periodistas en
una cuestión de principio. Francia envió un funcionario a negociar con
los rebeldes. Otros países, específicamente Rusia, deseosos de reducir
la tensión en el Levante, se ofrecieron como intermediarios.
Yo mismo participé personalmente es ese esfuerzo colectivo. Una
periodista francesa había rechazado una primera oportunidad de salir de
allí con la Cruz Roja Internacional y con la Media Luna Roja siria. Por
miedo a caer en una trampa, esa periodista no aceptó la mano que se le
tendía. Mi misión tenía dos objetivos. Primeramente, establecer un
contacto con mis compatriotas, ponerlos al corriente del contexto
político y militar y facilitar que fuesen entregados a un funcionario
francés encargado de ponerlos bajo protección diplomática. En segundo
lugar, yo debía informar a quienes trabajan a favor de la paz en la
región sobre el exacto desarrollo de los acontecimientos y evaluar la
buena voluntad de los distintos protagonistas.
Como es sabido, las negociaciones no prosperaron. Los delegados de
los servicios de inteligencia de los diferentes Estados implicados
pudieron comprobar que las autoridades sirias y las organizaciones
humanitarias hicieron todo lo posible y que el fracaso se debió única y
exclusivamente al llamado ejército «sirio» libre.
Cual no sería entonces la sorpresa, real o fingida, de los diferentes
negociadores al enterarse un día de que los 3 periodistas a los que
habíamos estado tratando de sacar de Homs, y otro más que no quiso que
lo ayudáramos, habían cruzado las líneas del ejército «sirio» libre y
también las del ejército nacional sirio para llegar al Líbano por sus
propios medios.
Después de un primer momento de confusión y de verificar que las
iniciativas paralelas de Rusia no habían corrido mejor suerte que las
nuestras, pudimos comprobar que un comando armado de una potencia
occidental extrajo clandestinamente a los 4 periodistas, y quizás a
otras personas, mientras que nosotros arriesgábamos nuestras vidas
inútilmente. Es por ello que nada me obliga a guardar silencio sobre los
detalles de lo sucedido. Sólo me abstendré de mencionar en este
artículo los detalles que pudiesen servir para identificar a los
funcionarios y personas implicadas, a quienes no mencionaré para que
puedan seguir trabajando por la paz, a pesar de que la mención de
ciertos detalles sería de utilidad pedagógica para nuestros lectores.
No dudo que los fugitivos de Baba Amro publicarán su propia versión
de los hechos para sostener la propaganda atlantista. Seguirán
mintiendo, como hasta ahora lo han hecho constantemente. Precisamente
por eso es que quiero, en primer lugar, ofrecer mi testimonio de todo lo
que pude ver, en aras de contrarrestar la red de mentiras que se está
tejiendo alrededor de estos hechos.
Según la versión mediática actual, una revolución fue reprimida
salvajemente. Varios periodistas occidentales, movidos únicamente por su
deseo de informar, llegaron al lugar de los hechos para ver lo que
estaba pasando y aportar sus testimonios. Los rebeldes fueron
atrincherándose en el barrio de Baba Amro, donde supuestamente
sobrevivieron bajo un diluvio de fuego por espacio de 3 semanas. El
Centro de Prensa de los rebeldes fue bombardeado con fuego de artillería
reactiva (lanzacohetes múltiples GRAD, también conocidos como “órganos
de Stalin o Katiuskas”), el miércoles 22 de febrero de 2012. Fue al
parecer en ese bombardeo que resultaron muertos Marie Colvin, del Sunday
Times, y Remi Ochlik, de IP3 Presse, mientras que resultaban heridos
Edith Bouvier, de Le Figaro Magazine, y Paul Conroy, del Sunday Times.
William Daniels, ex periodista de Le Figaro Magazine quien ahora trabaja
para el Time Magazine, parece haberse quedado con los anteriormente
mencionados mientras que Javier Espinoza, del diario español El Mundo,
se separaba del grupo.
Los sobrevivientes divulgaron a través de Internet 4 videos en los que contaban una historia bastante extraña.
Las muertes de Marie Colvin y de Remi Ochlik
Fue a través de un video proporcionado por el ejército «sirio» libre
que supimos de las muertes de Marie Colvin y de Remi Ochlik. Después de
la caída del emirato, los cuerpos de ambos periodistas fueron
encontrados e identificados por los embajadores de Francia y Polonia, en
representación del embajador de Estados Unidos.
Marie Colvin era conocida por sus atuendos chic y por el contraste,
que ella explotaba, entre la finura de sus vestidos femeninos y la
dureza del parche que cubría la cuenca del ojo que había perdido. El
video, que sólo muestra dos cuerpos que yacen bocabajo, es auténtico y
fue validado por los distintos medios que lo divulgaron. Ambos
periodistas aparecen en uniforme de guerra. Habría que preguntarse cómo
es posible que ese detalle, en flagrante contradicción con la condición
de no combatientes de los periodistas presentes en el campo de batalla,
no ha dado lugar a la menor interrogante de parte del público ni ha
provocado el menor comentario de indignación entre los demás miembros de
la profesión.
Los heridos Edith Bouvier y Paul Conroy en el dispensario
En el segundo video, el doctor Alí, representante de la Media Luna
Roja Siria en el emirato y simple dentista de barrio que se dedicó
valientemente a atender a los heridos, presenta a Edith Bouvier y a Paul
Conroy acostados en dos camas, en lo que parece ser una especie de
dispensario. Después, un soldado del ejército «libre» sirio que se hace
llamar «Doctor Mohamed», en bata azul y con un estetoscopio, hace un
comentario revolucionario.
Hay tres elementos que debemos resaltar en este video:

Edith
Bouvier se niega a revelar su identidad, que sin embargo es
proporcionada a los espectadores, y trata de esconder su rostro.

Paul Conroy gesticula con los ojos expresando inquietud y desaprobación.

El
«Doctor Mohamed» es toda una estrella de los videos de la oposición
siria. Hace el papel de médico revolucionario, pero no es médico. Se
expresa en un lenguaje impreciso y vago, sin vocabulario médico, pero
con referencias salafistas.
Todo hace pensar que el «Doctor Mohamed» se aprovechó de las
circunstancias para lograr que el verdadero médico y los dos periodistas
participaran en una pequeña representación montada con el fin de dar un
carácter dramático a la situación.
Nuevo mensaje de Paul Conroy desde su habitación
En un tercer video, el fotógrafo británico Paul Conroy aparece
aparte, acostado en un canapé, después de recibir cuidados. Pide ayuda y
pone particular énfasis en precisar que no está allí en calidad de
prisionero sino como invitado.
Pero parece tan incómodo como la primera vez y deja caer varias
indicaciones a los espectadores. Exhorta a las «agencia globales» a
intervenir ya que «trabajan por los mismos objetivos en el terreno».
¿Qué «agencias globales» son esas que supuestamente pueden sacarlo del
emirato? No puede tratarse de agencias públicas, ya sean
intergubernamentales, como las de la ONU, o nacionales, como las
agencias de inteligencia. ¿Qué quiere decir «trabajar por los mismos
objetivos en el terreno»? No puede ser una referencia a las Naciones
Unidas, que nada tienen que ver con el trabajo periodístico. La única
interpretación lógica es que está recurriendo a las agencias de
inteligencia aliadas y recordando que él mismo forma parte de una
agencia británica de inteligencia.
A diferencia de Marie Colvin, a quien acompañaba como fotógrafo en la
realización de reportajes para el Sunday Times, Paul Conroy no lleva
uniforme en el campo de batalla. No lo necesita para hacerse
identificar.
El «Doctor Mohamed» interviene entonces para darnos su diagnóstico.
Afirma que Paul Conroy fue herido el día anterior por un cohete del tipo
GRAD. Nos muestra una pierna con un vendaje inmaculado. A pesar de la
extrema gravedad de la herida y de tratarse de una herida supuestamente
reciente, la pierna no presenta la menor inflamación. El «Doctor
Mohamed» se ha ganado su sobrenombre: aunque carece de formación médica
es capaz de hacer verdaderos milagros médicos.
Al final de su intervención, Paul Conroy agrega un mensaje para
tranquilizar a «su familia y sus amigos en Inglaterra»: «Estoy
perfectamente bien». El mensaje oculto se le escapa al «Doctor Mohamed».
Pero pueden captarlo perfectamente quienes saben que Paul Conroy no es
inglés sino que procede de Irlanda del Norte. El «fotógrafo» se dirige
así a la jerarquía de la agencia militar británica para la cual está
trabajando y les señala que no se equivoquen con esta comedia y que él
se halla en perfecto estado de salud.
Esta vez es Paul Conroy quien parece utilizar la puesta en escena del
«Doctor Mohamed» para transmitir su propio mensaje, a pesar de estar
supuestamente inmovilizado a causa de la herida.
Nuevo mensaje de Edith Bouvier y de su compañero
En un cuarto video, grabado y transmitido ese mismo día, Edith
Bouvier pide ayuda desde su lecho. Pide (1) «la proclamación de un cese
del fuego» y que (2) «un vehículo médico la lleve al Líbano» para que
ella pueda ser puesta rápidamente bajo tratamiento médico.
Dado que las necesidades así expresadas corresponden a una tregua
destinada a permitir la circulación de una ambulancia o de un transporte
hacia un hospital con vista a proporcionar atención hospitalaria a una
persona, sus exigencias son absolutamente incongruentes.

(1)
Un cese del fuego es un acuerdo que suspende totalmente las
hostilidades entre las partes durante una negociación política, mientras
que una tregua es una interrupción de los combates en una zona
delimitada y por un periodo de tiempo limitado con el fin de permitir el
paso de personas o de material humanitario.

(2)
Además, llevarla al Líbano implica una amnistía para el delito de
inmigración ilegal ya que Edith Bouvier entró Siria clandestinamente
junto a los rebeldes.
Es importante señalar que ambas exigencias, no argumentadas,
corresponden de hecho a la creación de un «corredor humanitario» como lo
entiende el ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé.
Alain Juppé es muy conocido por su habilidad para invertir papeles y
por su uso de los «corredores humanitarios». Ya en 1994 logró obtener
del Consejo de Seguridad de la ONU una resolución que autorizaba la
realización de la operación Turquesa, o sea la creación de un «corredor
humanitario» para evitar que la población hutu de Ruanda fuese masacrada
en venganza por los crímenes cometidos por el Hutu Power, esencialmente
contra la población tutsi. Hoy sabemos que aquel corredor no tuvo un
objetivo estrictamente humanitario ya que permitió que, junto con los
civiles, Francia sacara de Ruanda a los autores del genocidio perpetrado
contra los tutsis, para que no tuvieran que responder por sus crímenes.
En esta ocasión, Alain Juppé está tratando de facilitar la huida de los
grupos armados responsables de las matanzas perpetradas en Siria.
O sea, Edith Bouvier no expresa sus necesidades personales sino que
sus exigencias corresponden a los intereses del ejército «sirio» libre,
intereses que Francia defiende.
No resulta sorprendente que esta periodista se convierta en portavoz
de Alain Juppé. Edith Bouvier fue contratada para el grupo Le Figaro por
su colega Georges Malbrunot. Según las autoridades sirias, este último
fue en los años 1980 el agente de enlace de la DGSE [Dirección General
de la Seguridad Exterior, la agencia de inteligencia exterior de
Francia. NdT] con la Hermandad Musulmana. Después de ser arrestado en
Hama, Malbrunot fue devuelto a las autoridades francesas a pedido del
entonces presidente de Francia Francois Mitterrand.
En la siguiente secuencia, el «Doctor Mohamed» explica la situación
mientras que su compañero, el fotógrafo William Daniels –free lance en
Figaro-Magazine y más tarde en Time-Magazine– insiste en que la
situación es urgente. Un cuarto personaje, que no aparece en pantalla,
traduce al inglés lo que se dice en árabe. Finalmente, un quinto
personaje, el joven Khaled Abu Saleh, aporta una conclusión
revolucionaria a esta pequeña película.
Si bien en los primeros videos tanto Edith Bouvier como Paul Conroy
parecían bastante renuentes a cooperar con el «Doctor Mohamed», en este
último la propia Edith le sigue el juego de buena gana.
El joven Khaled Abu Saleh es el jefe del Centro de Prensa del
ejército «sirio» libre. Según los periodistas que utilizaron esa
instalación, el Centro, situado en un viejo edificio, disponía de todo
el equipamiento de alta tecnología necesario en un centro de prensa. Los
periodistas podían hacer allí todo el trabajo de montaje de imágenes y
disponían incluso de equipos de comunicación vía satélite para
transmitir en vivo. Algunos incluso bromeaban comparando el nivel
informático de aquel Centro con el del ejército nacional sirio, que
sigue utilizando sistemas de transmisión arcaicos.
Se ignora totalmente quiénes son los generosos padrinos que
proporcionaron esa instalación dotada de lo último en materia de
tecnología. Una pista aparece, sin embargo, cuando nos interesamos por
la actividad profesional de Khaled Abu Saleh. Este joven revolucionario
es también periodista. Es corresponsal permanente de Al-Jazeera, publica
además su propio blog en el sitio web de ese canal y trabaja como free
lance para el canal francés France24, donde aparece como colaborador de
la sección «Les Observateurs». Estos dos canales de televisión satelital
conforman la vanguardia de la propaganda de la OTAN y del CCG en cuanto
a justificar un cambio de régimen en Siria, como anteriormente lo
fueron en el caso de Libia.
Como muestra de la ética periodística de France24, el 7 de junio de
2011 este canal público francés transmitió una conmovedora intervención
telefónica en la que la embajadora de Siria en Francia, Lamia Shakkur,
anunciaba su renuncia en protesta por las masacres en su país. De
inmediato, la maquinaria diplomática francesa comenzó a presionar a los
embajadores de Siria en todo el mundo para que siguieran tan bello
ejemplo. A pesar de que Renée Kaplan, directora adjunta de la redacción
de France24, juraba que la voz transmitida era la de la embajadora
Shakkur, a quien además conocía personalmente, al final resultó que la
persona que hablaba en la grabación era en realidad Fahd
Alargha-Almasri, la esposa del ya mencionado Khaled Abu Saleh. Así llegó
a su fin el engaño de France24 [
1].
Bajo la influencia de Alain de Pouzilhac y de Christine Ockrent-Kouchner,
France24 y
RFI
(Radio France International) han abandonado su misión de órganos de
información para convertirse en instrumentos del aparato militar y
diplomático francés. El 5 de julio de 2011, en su condición de
Presidente-Director general del sistema Audiovisual Exterior de Francia
(AEF), Alain de Pouzilhac incluso firmó un protocolo de acuerdo con el
ministro de Información de los rebeldes libios, Mahmud Shammam. De
Pouzilhac se comprometía así a crear medios de prensa contrarios a
Kadhafi y a entrenar el personal necesario para facilitar el
derrocamiento del «Guía» libio. Este anuncio provocó la cólera de los
periodistas de France24 y de RFI, furiosos de verse utilizados como
herramientas de propaganda. Todo hace pensar que medidas similares han
sido tomadas para alentar «el periodismo ciudadano» de los
«revolucionarios sirios». En ese caso, el papel de Khaled Abu Saleh no
se limita a hacer de corresponsal y a escribir algún trabajo de vez en
cuando sino que es un actor clave en la fabricación de noticias falsas
por cuenta del aparato militar y diplomático de Francia.
Al principio, Edith Bouvier parece reticente a aquel montaje.
Después, por el contrario, colabora con su colega de France24 y graba un
pedido de ayuda tendiente a despertar la compasión de los espectadores
para justificar la apertura de un «corredor humanitario», como el que
necesita Alain Juppé para evacuar a los mercenarios de ejército «sirio»
libre y a sus instructores occidentales.
Primeras conclusiones
Ya a esta altura del estudio de los videos, emito varias hipótesis de trabajo.

El equipo del
Sunday Times, o sea Marie Colvin y Paul Conroy, trabajaba para el
MI6, mientras que la enviada del
Figaro Magazine, Edith Bouvier, trabajaba para la
DGSE.

El
«Doctor Mohamed» aprovechó que los periodistas se hallaban en cama para
grabar 2 videos más, pero Paul Conroy aprovechó la ocasión para enviar
un mensaje de auxilio a los aliados.

En
definitiva, el free lance de France24, Khaled Abu Saleh, orquestó toda
una puesta en escena favorable al objetivo de Alain Juppé.
¿Fracaso de las negociaciones o modificación de la negociación?
A lo largo de las negociaciones, yo mismo logré aportar varias
aclaraciones que fueron tomadas en consideración. Pero en cada ocasión
que mencioné los elementos que he señalado en este artículo se me
respondió que el momento no era adecuado. Parecía que el ejército
«libre» sirio se negaba a permitir la salida de los periodistas. Lo
urgente era salvarlos. El estatus de cada cual ya se aclararía después.
En la noche del sábado 25 de febrero, las negociaciones habían
fracasado. En aras de restablecer el contacto con los takrifistas, los
sirios estaban buscando un jeque moderado con quien poder conversar,
pero todos los religiosos solicitados se negaban a conversar, por miedo a
posibles represalias. ¿Qué hacer? ¿Mantenerse en el lugar para poder
retomar la discusión en cuanto se presentara algún jeque o regresar a
descansar en la seguridad de Damasco?
La respuesta vino finalmente de las autoridades militares sirias.
Fuimos invitados a regresar y se nos dijo que se nos informaría en
cuanto apareciera una nueva posibilidad de negociar. Ya de regreso en la
capital, recibimos un SMS informándonos que las negociaciones estaban
suspendidas por espacio de 48 horas.
Esta suspensión no significaba que nosotros pudiésemos relajarnos
tranquilamente domingo y lunes mientras que nuestros colegas y
compatriotas se hallaban en peligro de muerte sino que otra negociación
estaba en marcha durante esas 48 horas. Creí en aquel momento que
nuestros amigos rusos estaban encargándose del asunto.
En la mañana del martes, me despertó una amiga, reportera de guerra
de un importante medio de prensa francés, que me telefoneaba porque se
había enterado de que Paul Conroy había llegado a Beirut, probablemente
junto con los demás periodistas. Aquello me dejó estupefacto. Desperté
entonces a un alto responsable sirio, que me expresó su perplejidad. Al
cabo de varias llamadas telefónicas pude comprobar que nadie en Damasco
sabía absolutamente nada de aquello, o que no querían hablar del asunto.
Descubrí, en definitiva, que el general Assef Chawkat había negociado
con una alta personalidad francesa que él conocía un acuerdo tendiente a
hallar una solución política a todo aquel enredo. Las fuerzas leales al
gobierno sirio abrieron sus líneas para que los consejeros militares
franceses y los periodistas pudiesen pasar hacia el Líbano durante la
noche. El ejército «libre» sirio no descubrió la fuga hasta la
madrugada. Al comprender que habían sido abandonados a su suerte, los
mercenarios decidieron rendirse, abandonando incluso su propio arsenal,
mientras que los islamistas rechazaban las últimas invitaciones a
deponer las armas. El general Assef Chawkat ordenó el asalto final y
tomó el emirato en cuestión de horas, liberando así de la tiranía
islamista a los civiles allí atrapados.
Desde su cuartel general en el extranjero, el ejército «sirio» libre
–ahora reducido a la mínima expresión– anunció un «repliegue
estratégico». Para llenar el vacío, el Consejo Nacional Sirio –también
con base en el extranjero– anunció la creación de un Comité Militar que
se compone de expertos sirios y, esencialmente, de extranjeros. En 4
días, la cuestión militar se desplazó del campo de batalla sirio a los
confortables salones de los grandes hoteles parisinos.