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Ministro de Medio Ambiente sueco: acuerdo de Copenhague fue un “desastre”

Miércoles 23 de Diciembre de 2009

LOS TITULARES DE HOY


EL RESTO DE LA HORA DE DEMOCRACY NOW!

  • El ecologista Jeff “Free” Luers habla en exclusiva con Democracy Now! en su primera entrevista luego de salir de la cárcel tras 9 años y medio de prisión

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    En junio de 2001, Jeff “Free” Luers fue condenado a 23 años y 8 meses de cárcel. Su crimen: incendiar tres automóviles en una concesionaria para protestar contra el calentamiento global. Nadie resultó herido en el incendio. En 2007, el Tribunal de Apelaciones de Oregón revocó su condena y la redujo a diez años. La semana pasada, el 16 de diciembre, salió de prisión, ya como hombre libre. En una emisión exclusiva de Democracy Now!, Jeff Luers habla con nosotros en su primera entrevista desde que recuperó la libertad. Hablamos también con Lauren Regan, su abogada y directora ejecutiva del Centro para la Defensa de las Libertades Civiles (CLDC, por sus siglas en inglés).

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  • Informe: Obama ordenó ataque militar estadounidense en Yemen

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    Yemen se convirtió en el más reciente objetivo de los ataques militares de EE.UU. contra blancos que se sospecha pertenecen a al-Qaeda. ABC News informa que la semana pasada las Fuerzas Armadas estadounidenses realizaron dos ataques con misiles de crucero en Yemen, por orden directa del Presidente Obama. Según el New York Times, EE.UU. proporcionó a las fuerzas armadas yemeníes la inteligencia y el material militar necesario para llevar a cabo el ataque. Hablamos con el profesor Charles Schmitz, de la Universidad de Towson, un experto en Yemen.

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CRECIMIENTO ECONÓMICO DE BOLIVIA ES HALAGADO POR FUNCIONARIO DEL FMI

Miércoles, 23 de diciembre de 2,009



El Fondo Monetario Internacional (FMI) que durante los últimos lustros impuso sus políticas neoliberales en el mundo y en específico en América Latina en detrimento de sus poblaciones ha tenido que reconocer el buen “desempeño macroeconómico de Bolivia” y elogió las políticas sociales del presidente Evo Morales.

La República multirracial de Bolivia, sin seguir las recetas del Fondo para enfrentar la actual crisis económica internacional surgida en Estados Unidos, logrará en el 2009 uno de los más mayores crecimientos del Producto Interno Bruto (PIB) en la región.

El subdirector para el Hemisferio Occidental del FMI, Gilbert Terrier, se vio obligado a reconocer que “la escasa exposición del país a las corrientes financieras mundiales y las políticas macroeconómicas del gobierno suavizaron el impacto de la crisis internacional y permitirán que la economía de Bolivia crezca 3,2 %, uno de los niveles más altos y con la tasa de inflación más baja”.

Las declaraciones de Terrier, que llegó a La Paz para presentar las perspectivas económicas de la región, se contradicen con todo el historial de la organización financiera que representa, la cual siempre ha sacrificado las políticas de apoyo sociales en aras de un crecimiento económico que ha beneficiado a las clases pudientes y ricas, es decir, la rancia tesis del sistema capitalista.

Terrier, que al hablar parecía un integrante de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) en vez de un funcionario del FMI, agregó que “la política social del gobierno boliviano es algo positivo e importante para la sostenibilidad del modelo económico”

Resulta verdaderamente sintomático que el Fondo presentara por primera vez en Bolivia su informe anual pese a que esta nación desde 2006 conduce independientemente su economía desligada de los asesoramientos y presiones del FMI, organización con la cual mantiene grandes diferencias.

En este sentido, el ministro de Economía y Finanzas, Luis Arce, aseguró que su país, a contrapelo de lo que aconseja el FMI, seguirá con la política de estímulo económico desde el Estado porque ello le está permitiendo mejores resultados en la lucha contra la pobreza y la distribución de ingresos.

Asimismo, rechazó las recetas del FMI de retirar los estímulos fiscales al consumo, esgrimidas por Terrier, y significó que en el caso boliviano la presencia del Estado en la economía no es un coyuntural, sino que data de tres años antes de la crisis, cuando Morales llegó al poder, rehusó renovar el programa de asistencia con el Fondo y desarrolló un nuevo modelo a partir de la nacionalización petrolera.

Debido a esa política, Bolivia pudo realizar una redistribución equitativa de los ingresos, enfrentó con éxito la crisis, mejoró la situación de la milenaria pobreza de su población e impidió que las transnacionales continuaran llevándose las riquezas producidas por la minería y el gas, sus principales rubros de exportación.

Para incrementar en 2015 la producción de gas natural en 5 000 000 de metros cúbicos diarios, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y las empresas que operan en el país suramericano invertirán 5 333 millones de dólares en tareas de exploración.

Bolivia cuenta en la actualidad con reservas internacionales evaluadas en 8 500 millones de dólares, suficientes para cubrir 16 meses de importaciones, cifras que nunca se lograron con anteriores gobiernos.

Pero los logros fundamentales del desarrollo progresivo en el país andino han redundado directamente a favor de las amplias capas de la población que durante decenas de años han estado olvidadas por los diferentes gobiernos.

Con la llegada de Evo Morales al poder se crearon más de 15 nuevas empresas pequeñas y medianas que han dado empleo a miles de habitantes, además de que el gobierno ha otorgado aumentos salariales del 5 y 6 % anuales a partir de 2005.

La educación fue llevada a todos los confines del país y con el método cubano Yo Sí Puedo y la colaboración de esa Isla y de Venezuela, Bolivia alfabetizó a más de 1 500 000 iletrados y el 20 de diciembre de 2008 la UNESCO declaró a esa nación libre de analfabetismo.

Ahora se realiza un nuevo programa que permitirá a un millón de personas continuar sus estudios para que en el 2010 alcancen el quinto grado.

La deserción escolar se ha reducido con la entrega de 200 pesos bolivianos (unos 28 dólares) a niños que estudian hasta el octavo grado en escuelas públicas.

Solo en ese proyecto el gobierno invertirá este año 51 millones de dólares al entregar 1 800 000 bonos en la operación denominada Juanito Pinto, la cual también ayuda a disminuir la pobreza familiar.

El bono lleva el nombre del niño héroe boliviano que murió combatiendo en la Batalla del Alto de la Alianza, en la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Bolivia con Chile a finales del siglo XIX.

Desde el 2005 se lleva adelante los programas de salud gratuita a todo el pueblo, se han construido numerosos hospitales y policlínicos a lo largo y ancho del país y miles de bolivianos han sido operados de enfermedades oculares mediante la Operación Milagro con ayuda cubana y venezolana.

Parodiando un viejo refrán, los logros alcanzados en solo tres años por el gobierno de Evo Morales hasta un ciego los puede ver. Por eso el FMI ha tenido que reconocerlos.
Fuente: Rebelión, publicado originalmente el 27 de noviembre de 2,009.

Copenhague, una manipulada conferencia semioculta para unos 4.800 millones de personas ausentes

22-12-2009



www.malpublicados.blogspot.com


Aunque se trataba de la supervivencia de la especie humana los medias de los empresarios dieron la mínima información sobre el encuentro. Nada comparable con la cobertura para las Torres Gemelas o el campeonato mundial de fútbol en Sudáfrica. El objetivo era defender sus egoístas intereses minimizando su conocimiento y el consiguiente rechazo social.

En Dinamarca no hubo transparencia y apego a las normas internacionales. Se aplicó la prepotencia y el cinismo de los políticos occidentales sobre gobernantes tributarios. El documento final fue preparado semanas antes por los países ricos y se hizo público después de asegurar el acatamiento de los representantes de los pueblos víctimas. De los 193 estados presentes sólo fueron consultados en su formulación 25. Los mandatarios independientes y responsables por el futuro fueron excluidos y los valientes manifestantes jóvenes de la sociedad civil reprimidos con la violencia de antiguos colonialistas en las calles.

La delegada de Venezuela, Claudia Salermo, dice que para la jornada final habían sido convocados a las 20 horas para "conocer… el texto que 25 países seleccionados de los que ellos llamaron los líderes más importantes, representativos del mundo, habían llegado a un acuerdo… ". A las 23 horas "mientras esperábamos… en la plenaria formal de las Naciones Unidas… sale una rueda de prensa de todos los principales lideres europeos y Obama mostrando éste es el acuerdo de cambio climático”… "todos… nos tuvimos que acercar a las pantallas de televisión para ver de qué se trataba ese acuerdo que nosotros, los Estados soberanos del mundo, en ese momento desconocíamos". Después de siete horas el presidente de la Cumbre, el primer ministro de Dinamarca, Lars Loekke Rasmussen, ingresó "diciendo: 'En este momento les van a repartir el texto, éste es el acuerdo y esta reunión está suspendida para que ustedes lean esto y en algún momento se les va a convocar por la pantalla nuevamente". "Cuando el primer ministro… apareció… todos los delegados estaban dormidos sobre las mesas esperando… y simplemente lanza el texto… y dice que se va". Salerno explica que se lastimó la mano golpeando la mesa y el pulsador para que se le permitiera el derecho a expresarse "… golpeé tan duro la mesa, y mi indignación era tan grande que no me di cuenta y se me rompió la mano… ensangrentada…".

Los representantes de Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, y Venezuela se opusieron. La representante dice, "fuimos los únicos países que nos paramos y dijimos no vamos a aceptar que ningún imperio nos impongan ningún acuerdo de 25 cuando somos 192 países soberanos". También Sudán, como Presidente del Grupo de los 77, y Tuvalu declararon que el documento era inaceptable.

La propuesta de los desarrollados fue aprobada por la mayoría de los delegados y Naciones Unidas, mediante el expediente de ‘tomar nota’, la consideró como el acuerdo de la conferencia, pero la falta de unanimidad le impidió ser adoptado como acuerdo oficial.

El texto de mayoría expresa las conveniencias de los países ricos: formula compromisos sin carácter obligatorio; permite aumentar la temperatura global hasta en 2 grados, lo que podría significar 3 grados según un experto, cuando los científicos advierten de no superar el límite de 1,5 grados; admite el aumento de la emisión de gases de efecto invernadero, contra el criterio científico que declara insoslayable una reducción de al menos el 45% para el año 2020, y del 80 al 90% para el 2050; hace posible no establecer acuerdos obligatorios optando por el acuerdo político de intenciones; omite compromisos concretos de financiamiento y transferencia de tecnologías a los países en desarrollo como parte del cumplimiento de las obligaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

El documento se limita a la idea de que los países desarrollados participen en una llamada movilización de recursos que se dice pueden ser públicos o privados, una fórmula con que pueden seguir contaminando comprando en los mercados del carbono la reducción de emisiones de países en desarrollo. Intenta dar por concluido el Protocolo de Kioto sin fijarle un segundo período de obligaciones, por el cual los responsables históricos del calentamiento, Europa y Estados Unidos que desde 1860 han depositado el 76% de las emisiones de CO2 acumuladas en la atmósfera, han aceptado reducciones cuantificadas de emisiones hasta alcanzar niveles que permitan el control del problema. Persigue anular el Plan de Acción de Bali, de 2007, que acordó que los países desarrollados tendrían obligaciones de mitigación en tanto los en vías de desarrollo aportarían voluntariamente.

Estados Unidos que quema el 25% del petróleo mundial, ofrece 30 mil millones de dólares para los próximos 3 años y llegar a una suma de 100 mil millones en 2020 mientras su gasto militar en el año 2008 fue de 711 mil millones de dólares y de 170 mil millones de dólares sólo en sus operaciones de guerra en Iraq y Afganistán.

Los países del ALBA fueron los únicos que señalaron sin vacilaciones ante los 193 gobiernos que la causa de que el hombre tenga amenazado su futuro es el capitalismo con su forma de producir y consumir que explota y empobrece irracional e irreparablemente la naturaleza. Los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez les señalaron que la única vía de solución para todos es el socialismo solidario y sustentable.

El enfriamiento del clima exige medidas muy duras en la sociedad capitalista. Para reducir las emisiones de gases invernadero tendría que paralizar producciones que son lucrativas y propias de su estilo de vida consumista. Hacer que sus privilegiados ciudadanos consuman menos. En Copenhague se negaron a hacerlo.

Para obligarlos no hay una población cohesionada, informada, libre de la publicidad consumista; ni partidos socialistas fuertes.

Dada la realidad mundial no se debía esperar algo muy diferente. El predominio en los países desarrollados y en desarrollo de los empresarios, necesariamente ambiciosos, violentos y abusivos, la corrupción de gobernantes dependientes, 2.500 millones personas en la pobreza, 1.100 millones sin agua potable, 2.600 millones sin servicios de saneamiento, más de 800 millones de analfabetos, más de 1.000 millones de hambrientos, el manejo sin contrapeso de los medios de información privados… hacen extremadamente difícil la constitución de un bloque social político de resistencia a la burguesía global/local.

Así se explica que avalaran el incumplimiento de su responsabilidad a los países ricos, gobiernos que tienen millones de pobres como Brasil, India, China, Sudáfrica; políticos sumisos a empresariados que persiguen ser potencias futuras o funcionarios estatales vinculados a capitalistas nuevos.

El calentamiento global se intensifica. Es imperioso que se creen organizaciones que permitan informar y coordinar a los pobres y solidarios para luchar por una alternativa sustentable de decrecimiento con justicia. Se necesitan partidos que se atrevan a decir que el planeta no puede sostener un crecimiento indefinido de la economía porque no hay recursos suficientes, porque son finitos. Políticos que defiendan que la única manera de ser justos con toda la humanidad es reducir drásticamente el consumo en los países ricos, aumentarlo hasta satisfacer las necesidades básicas en los pobres y vivir con menos bienes materiales disfrutando la cultura, la recreación…

Contra los pobres hay una parte minoritaria rica de la humanidad que tiene medios para defenderse de las consecuencias del cambio climático y para apoderarse de las riquezas naturales de las poblaciones que emigren o mueran. El desafío vital es para la mayoría que no debe esperar soluciones sino de ellos mismos. Los primeros piensan en un poscapitalismo fascista corporativo; los segundos deben hacer suyo el socialismo.

El uso disparado de electricidad de los nuevos dispositivos electrónicos pone en peligro los esfuerzos contra el cambio climático

22-12-2009


crisisenergetica.org


Tomamos esta noticia de nuestra web hermana Canarias ante la Crisis energética, sobre un artículo publicado el 14 de mayo de 2009 por Jean-Marie Macabrey en el diario estadounidense The New York Times, titulado El uso disparado de electricidad de los nuevos dispositivos electrónicos pone en peligro los esfuerzos contra el cambio climático, que por su interés público, reproducimos aquí traducido y comentado en parte, como siempre en cursiva. El artículo puede encontrarse en el original en ingles aquí.

Bruselas. Los esfuerzos mundiales de los países para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y para aumentar la seguridad energética, se encuentran en peligro si no se hace nada para analizar la energía que engullen tanto las tecnologías de la información como las de la comunicación y los dispositivos de consumo electrónicos.

La advertencia llega de la mano de un informe publicado ayer por la Agencia Internacional de la Energía (AIE). El estudio advierte de que el uso de los ordenadores (computadores) y la electrónica de consumo no sólo se duplicará en 2022, sino que se triplicará en 2030.

El director ejecutivo de la AIE, Nobuo Tanaka dijo en una conferencia de prensa en la que presentó el informe que el aumento suponía el equivalente a todo el consumo de electricidad residencial de los EE. UU. y de Japón juntos.



“A los hogares les costará alrededor de 200.000 millones de dólares en facturas eléctricas y exigirá añadir aproximadamente 280 Gigavatios (GW) en nueva capacidad de generación entre ahora y el 2030”, añadió. El informe se denomina “Artilugios y Gigavatios: políticas para una electrónica energéticamente eficiente”

Puesto en perspectiva, este nuevo consumo (excluyendo el ya considerable consumo actual de los equipos electrónicos existentes) es la energía que generará un tercio de todos los aerogeneradores que la misma AIE cree que habrá instalados en todo el mundo en 2030. Si se tiene en cuenta que desde, por ejemplo, los años 70 del siglo pasado, en que los dispositivos electrónicos empezaron con los transistores a desarrollarse, puede haber un consumo de este tipo de dispositivos de otro tanto como el que se espera se desarrolle en los próximos 20 años, viene a resultar que dos tercios de todo el poder eólico con que sueña la AIE se lo comen unos chismes pequeñitos que son perfectamente prescindibles. Casi se podría parafrasear a Groucho Marx: "Partiendo de la nada alcancé las más altas cimas de la miseria."

La AIE dice que una solución para los gobiernos sería “poner urgentemente en marcha políticas que hagan los dispositivos electrónicos, tales como las televisiones, los portátiles y los móviles (celulares) más eficientes energéticamente”. La agencia con base en París es una entidad autónoma que se creó en el marco de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y tiene el mandato de poner a punto un programa energético internacional.

De nuevo, la AIE, una vez más, aboga por no tocar el sistema, que al parecer va muy bien y en vez de proponer un serio cambio de paradigma y de forma de pensar y de consumir compulsivamente, aboga por más tecnología todavía para superar el problema que ha creado la avalancha tecnológica. También para citar a Groucho, esta vez con su famosa frase de “¡Más madera, es la guerra! –por la eficiencia, se entiende).

La publicación de la AIE hace una valoración global para cambiar los patrones de consumo de la electricidad residencial en la última década y revisa el alcance de la efectividad de las políticas gubernamentales a la hora de hacer aparatos más eficientes energéticamente. Señala nuevas oportunidades para crear hogares más inteligentes y eficientes energéticamente.

Mil millones de PCs y dos mil millones de televisores en uso.

El estudio pone al descubierto que el número de personas que utiliza ordenadores personales superará los mil millones en los próximos siete meses y hacer ver que hay cerca de dos mil millones de televisores en uso en todo el mundo, lo que resulta un promedio de 1,3 aparatos por hogar con acceso a la electricidad. La Agencia también prevé que el mundo contará con 3.500 millones de móviles (celulares) para el 2010.

Los investigadores observan que, aunque ninguno de los dispositivos electrónicos incluidos en su estudio (excepto los televisores) consume realmente grandes cantidades de energía por sí solo, han llegado a ser tan comunes en los hogares que, en conjunto, ahora representan una cantidad apreciable del consumo de energía en los hogares.

“De hecho, si se compara la electricidad utilizada por los aparatos electrónicos más comunes con los electrodomésticos tradicionales de mayor tamaño, se descubre que los dispositivos electrónicos utilizan más energía, no en todos los hogares, pero sí en muchos de los de los países de la OCDE”, señala el informe, que añade: “Esto no sólo resulta sorprendente, sino que es la principal razón por la que el consumo eléctrico residencial está aumentando en la mayoría de los países” Los autores descubrieron que el consumo de electricidad de los dispositivos eléctricos y electrónicos se ha disparado más rápidamente que cualquier otro tipo de dispositivo en los últimos cinco años, tanto en los países OCDE como en los otros. Sitúan a los ordenadores (computadores), periféricos y a la electrónica de consumo como los responsables el 15 por ciento del total del consumo residencial, un porcentaje similar al de otros aparatos de mayor envergadura, como los calentadores eléctricos de agua o los refrigeradores. Sin embargo, añaden, el crecimiento ha sido más rápido en aproximadamente un 7 por ciento anual desde 1990.

Nada menos que el 15% del consumo residencial planetario actual debido a chismes que prácticamente no existían hace apenas cuatro décadas, cuando todo el consumo eléctrico mundial se acercaba más a ese 15% que al total que hoy se consume.

Otros equipos definidos por el estudio de la AIE, además de los televisores, ordenadores de sobremesa y portátiles, son los lectores y grabadores de DVD, los modems, impresoras, consolas, teléfonos inalámbricos , contestadores automáticos, videojuegos, equipos de audio, relojes, cargadores de baterías, móviles (celulares) y juegos de niños.

Se han olvidado las cámaras fotográficas y las cámaras de video y los telemandos a pilas, además de mil cacharritos más, como los cepillos de dientes eléctricos y tantas y tantas cosas útiles de las que nuestra sociedad al parecer no puede desprenderse. Debe ser por eso, por lo que la AIE, en vez de sugerir a los gobiernos que aprieten a sus empresas para que no produzcan chorradas, lo que sugiere es que signa produciendo chorradas a tope, pero eso si, muy eficientes. Hay que ver lo que es el Mercado, con mayúsculas.

Más consumo que los calentadores de agua y los refrigeradores para 2020.

Según la AIE, incluso con las mejoras previstas en eficiencia energética, el consumo de la electrónica en el sector residencial está previsto que aumente en un 250 por ciento para el 2030. “El porcentaje de consumo eléctrico de estos dispositivos aumenta de tal forma que supondrá probablemente el mayor consumo de los usuarios finales en muchos países antes de 2020, a menos que se adopten medidas efectivas”.

Las previsiones sugieren que el consumo residencial total de energía eléctrica aumentará más que muchas previsiones anteriores y por tanto, representa un serio reto para todos los gobiernos que tienen el objetivo político de aumentar la seguridad energética y el desarrollo económico y para mitigar el cambio climático”, dice el informe.

El consumo eléctrico residencial ha aumentado en todas las regiones del planeta a un promedio del 3,4 por ciento anual desde 1990. En las industrializadas naciones europeas, creció un 1,9 por ciento anual entre 1990 y 2006. Un cuarto de este crecimiento provino de aumentos de la población; el consumo de electricidad per capita creció un 1,4 por ciento en el mismo periodo. Según la AIE, se dan todas las papeletas para que la nueva ola de desarrollo tecnológico exija aún más energía.

Pues nada, a seguir desarrollando, que es lo nuestro. Venga el I+D+i ( y si hace falta, + o+t+a); que no pare la rueda.

Los autores del estudio dicen que abundan las oportunidades para poder ahorrar. Según el informe, el consumo de información de las tecnologías residenciales de las comunicaciones y la información y los dispositivos electrónicos podrían reducirse a más de la mitad eligiendo la mejor tecnología disponible, así como determinados procesos que están actualmente disponibles.

Pues si, debe haber muchas oportunidades para ahorrar. El consumo por estos dispositivos se multiplica por tres y si reducimos el consumo unitario a la mitad, pues ya sólo consumiremos 1,5 veces más que hoy en 2030. Esto sí que es eficiencia, la verdad sea dicha.

“Muchos dispositivos móviles ya son mucho más eficientes en su uso que otros que funcionan conectados a la red”, explicó Tanaka. “Debido a que la duración máxima de una batería es un argumento para una mejor venta, los fabricantes hacen especial énfasis en diseñar productos que requieren muy poca energía. Este ejemplo nos muestra lo que se puede lograr. Cuando no existen estos alicientes comerciales, los gobiernos deben dar pasos para asegurar que aprovechan cualquier posible mejora de la eficiencia”.

El pobre Tanaka parece que no se ha dado cuenta todavía que el mejor dispositivo es el que no utiliza pilas o baterías que a los pocos meses hay que tirar (eso es mucha energía perdida) y confunde la eficiencia energética con las témporas. Ahora va a resultar que los alicientes comerciales que han conducido a esta locura de consumo energético disparado que ha dado pie al título del artículo, son los que van a ayudar a mejorar la eficiencia energética. Ver para creer.

La AIE cree que , aunque algunos de estos ahorros se puede alcanzar mediante mejores equipos y componentes, las oportunidades de mejora más importantes pueden venir del hardware y del software operando juntos de forma más eficiente, para asegurar que la energía “se utiliza cuándo y en la medida que se necesita”.

Es muy interesante observar que este artículo ha ofrecido multitud de datos interesantes (más o menos ciertos, porque se trata de una predicción) y que el autor y el comentarista no han tenido necesidad de utilizar ninguna referencia monetaria. Apenas hay una del autor al coste dinerario de las facturas eléctricas de esta aberración, y podía haberse obviado perfectamente.

"Navidad sin hambre" sigue siendo una promesa

22-12-2009


La campaña beneficia a 45 millones de personas en un país con alrededor de 190 millones de habitantes


IPS


La tradicional campaña "Navidad sin Hambre" de Brasil llega a su decimoséptima edición. Pero, pese a los programas en marcha, la inseguridad alimentaria todavía afecta a 15 millones de personas en este país sudamericano, según datos oficiales.

Hambre de alimentos, pero también "hambre de jugar, estudiar, y soñar", según el lema de este año de esta iniciativa de la no gubernamental "Acción de Ciudadanía, por un país sin miseria", que en esta ocasión sólo recolecta libros y juguetes.

Pero esto no significa que deje de haber hambre por falta de alimentos, subraya la institución que creó la campaña hace 16 años.

La iniciativa nació a instancias del fallecido sociólogo Herbert De Souza, como una manera de movilizar a toda la sociedad alrededor del sueño de un país sin hambre, sin miseria y donde todos tengan asegurados sus derechos de ciudadanía y justicia.

Entre 1993 y 2005 la campaña recaudó más de 30.000 toneladas de alimentos, que fueron donadas a 15 millones de personas, para denunciar la falta de políticas efectivas para combatir el hambre.

En la actualidad, programas como "Fome Zero" (Hambre Cero, en portugués) del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, intentan ocupar ese vacío.

El plan Hambre Cero forma parte de uno más amplio, llamado Bolsa Familia, que ejecuta el Ministerio de Desarrollo Social y Combate al Hambre.

Patrus Ananías, titular de ese despacho, explicó que el plan promueve la transferencia de rentas para garantizar un ingreso mínimo a familias pobres y muy pobres, a cambio de cumplir ciertos requisitos como garantizar la escolaridad y vacunación de los menores.

Con ese ideario, busca establecer "condiciones objetivas para erradicar el hambre, la desnutrición y la pobreza extrema e interrumpir así el ciclo intergeneracional de la pobreza y ayudar a promover a medio, y largos plazos, la emancipación de las familias atendidas", puntualizó el ministro.

Bolsa Familia beneficia oficialmente a 12 millones de familias, lo que se traduce en 45 millones de personas, en un país con alrededor de 190 millones de habitantes.

Ananías aseguró que los ambiciosos objetivos han dado resultados palpables. El plan otorga a cada familia el equivalente a entre 40 y 97 dólares mensuales, lo que suma una erogación cada mes de 639 millones de dólares. Junto con otros programas sociales han logrado disminuir los altos índices de pobreza.

El Ministerio de Desarrollo Social asegura que 19 millones de personas superaron la situación de miseria entre 2003, cuando asumió Lula, y 2008, con base a datos de la privada Fundación Getulio Vargas.

El Instituto de Investigación Económica Aplicada completó este dato con otro elemento: la renta del 10 por ciento de más pobre de la sociedad brasileña creció a un ritmo seis veces superior al del 10 por ciento más rico, en lo que indicaría una reducción de la desigualdad en el país.

Los resultados son reconocidos por entidades como el independiente Instituto Brasileño de Estudios Sociales (Ibase), también creado por Herbert de Souza, quien ya desde 1993 justificaba la ayuda de emergencia para combatir el hambre, bajo la consigna de que "quien tiene hambre, tiene prisa".

Pero Ibase tiene sus críticas sobre Bolsa Familia, después de haber realizado una gran investigación para evaluar sus resultados.

El informe final sobre el estudio indicó que unos seis millones de las familias beneficiadas por el programa se encontraban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que significa "que en los tres meses anteriores tuvieron restricciones severas en la cantidad de alimentos y hasta hambre".

"El hambre alcanza a un contingente significativo de familias en Brasil, un problema inaceptable en un país que es considerado la sexta mayor economía del mundo", analiza Ibase.

Pero también reconoce aspectos positivos de Bolsa Familia en la alimentación de las familias, como la mayor "estabilidad en el acceso" y "el aumento de en la cantidad y variedad de alimentos consumidos".

Puntualiza que, sin embargo, "la persistencia de altos índices de inseguridad alimentaria indica que el hambre en Brasil es más compleja y que el programa Bolsa Familia no es suficiente para garantizar a la población el derecho humano a la alimentación".

Leonardo Ribas, consultor de la organización no gubernamental Harpia-Harpya, destacó a IPS que Bolsa Familia, tal como dice el gobierno, estimula una microeconomía local que a su vez mueve una macroeconomía. Pero esta última "mueve un mercado que es excluyente".

Ribas, un abogado especialista en derecho alimentario, consideró que ese mercado está muy distante de un "modelo de economía solidaria popular" y se integra en un plan general que en vez de estimular la producción agrícola familiar, por ejemplo, fomenta el agro negocio.

Según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario, la agricultura familiar aporta 75 por ciento de la mano de obra rural, 70 por ciento de la producción de frijoles, 87 por ciento de mandioca y 58 por ciento de la leche que se consume en el país. Es, en la práctica, la que garantiza la seguridad alimentaria brasileña.

"Sin embargo, la producción y la venta de alimentos se guían por el mercado de lucro" y el alto precio de los alimentos afecta principalmente a las familias más pobres, según el estudio de Ibase.

Ribas destacó que más del 50 por ciento de los recursos de Bolsa Familia son utilizados por los beneficiarios para adquirir alimentos, pero la calidad alimentaria sigue siendo ineficiente.

Las verduras y legumbres, que la agricultura familiar podría abastecer a buenos precios, son caros en el mercado tradicional y se reemplazan en el consumo por alimentos altamente calóricos, citó como ejemplo.

El estudio de Ibase complementa este análisis, al detallar que 16 por ciento de las familias beneficiadas por el programa, tuvieron algún caso de desnutrición infantil entre sus miembros, 36, 8 por ciento alguno de anemia, 31,4 de hipertensión, 8,4 de deficiencia de vitamina A y 7,4 por ciento de obesidad.

Ribas también llamó la atención sobre los vacíos creados en Bolsa Familia dentro del sistema de transferencia de recursos. Se trata de una compleja red que atraviesa instituciones federales, provinciales y municipales, por la que se producen fugas de recursos en el proceso y que no asegura la aplicación de otros programas complementarios, como los educativos o de capacitación social.

"El cuadro de vulnerabilidad social continúa", resumió Ribas al destacar que por ahora Bolsa Familia no ha pasado de la primera etapa, la del asistencialismo.

Fue por motivos como este que la anual campaña Navidad sin Hambre, cambió su modelo a partir de 2006.

Los promotores partieron del dato de que 24 por ciento de los recursos que Bolsa Familia se pierden por el camino y no llegan a más de 11 millones de personas de las beneficiadas oficialmente. Así que los comités de Acción Ciudadana pasaron a identificar las familias que no reciben el programa, aunque tengan derecho a hacerlo.

En la actualidad, unos 700 comités capacitan a personas como agentes locales de ciudadanía, encargados de visitar en conjunto unas 15 mil familias.

Es una manera de denunciar y de corregir las insuficientes políticas oficiales para combatir el hambre, 16 años después de haber comenzado la campaña Navidad sin Hambre.

Fuente: http://www.ipslatam.net/nota.asp?idnews=94289

Egipto amenaza con impedir marcha por libertad de Gaza

Martes 22 de Diciembre de 2009

LOS TITULARES DE HOY

EL RESTO DE LA HORA DE DEMOCRACY NOW!

  • Un estudio revela la estrecha relación entre el Congreso y los grupos de presión de la industria de servicios de salud

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    Un nuevo estudio sobre el lobby de la industria de la salud publicado en el Chicago Tribune reveló que las empresas de servicios de salud han invertido 635 millones de dólares en lobby en los últimos dos años. Al menos 166 ex asesores parlamentarios que participaron en la redacción de legislación sobre el sistema de salud se registraron para trabajar como lobistas de empresas de servicios de salud luego de dejar sus cargos en el Congreso. En la lista están incluidos al menos catorce ex asesores de Steny Hoyer, líder de la mayoría de la Cámara de Representantes, y como mínimo trece asesores del senador demócrata de Montana Max Baucus, presidente del Comité Financiero del Senado.

    Escuche/Vea/Lea (en inglés)
  • El prominente climatólogo James Hansen explica por qué se alegra del fracaso de la cumbre de Copenhague y habla sobre el concepto del "Cap and Fade”, el "climagate” y otros temas

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    Hablamos con James Hansen, el principal científico experto en clima del país. Hansen no asistió a la cumbre sobre el cambio climático de Copenhague y nos explica por qué opina que, a la larga, es mejor para el planeta que las negociaciones hayan fracasado. Hablamos con el Dr. Hansen sobre su nuevo libro, Storms of My Grandchildren: The Truth of the Coming Climate Catastrophe and Our Last Chance to Save Humanity (Las tormentas que afectarán a mis nietos: toda la verdad sobre la futura catástrofe climática y nuestra última oportunidad para salvar a la humanidad), y muchos otros temas.

    Escuche/Vea/Lea (en inglés)

El shock climático


21-12-09

El eslogan "salvar la Tierra" nunca me ha parecido el más apropiado a la hora de abordar la crisis medioambiental y, en particular, el cambio climático. La Naturaleza no es una entelequia estática, un objeto separado de nosotros que podemos destruir pero también preservar en un estado ideal de armonía y equilibrio. El animal humano se desenvuelve socialmente en un sistema dinámico, impredecible, no lineal, en continua transformación: la biosfera, la esfera de la vida en la Tierra, que a su vez mantiene relaciones muy complejas con otros sistemas igualmente dinámicos y no lineales como la atmósfera o -grandes olvidados- los océanos. El incremento de la temperatura global a la que ha contribuido la actividad industrial de los últimos siglos podría no acabar, pese a todo, con la vida sobre la Tierra, pero sí transformarla de manera importante en un corto espacio de tiempo -en términos geológicos- y provocar una pérdida irreversible de biodiversidad, representando el cambio más radical desde el final de la era glacial (que posibilitó el nacimiento de la agricultura). Existe una narración apocalíptica, al estilo de '2012', que sólo ayuda a alimentar el cinismo de quienes están satisfechos con la manera en que evoluciona nuestro entorno. Pero no hace falta caer en semejantes simplificaciones para reconocer la encrucijada en la que nos encontramos.

Un problema político

El calentamiento global tiene una incidencia directa en la manera en la que cohabitamos este mundo y en el modo en el que interactuamos con otros sistemas y ecosistemas, en el modo en que participamos en el común y en la manera en que lo producimos. Su importancia sólo se entiende desde la (bio)política. Unos países y grupos sociales tienen más responsabilidad que otros en el cambio climático, y son también determinadas áreas geográficas y determinadas comunidades las que se verán más perjudicadas que otras por los efectos negativos del incremento global de las temperaturas. Y los factores antropogenéticos que influyen en el clima, especialmente la contaminación de la atmósfera con gases de efecto invernadero, se corresponden en lo fundamental con un modo de producción, fuerte consumidor de combustibles fósiles, que no es otro que el del capitalismo industrial (y, no lo olvidemos, el de su primo hermano el socialismo soviético).

Cambio climático y crisis económica no son, pues, dos temas diferentes de la agenda política mundial, sino dos aspectos del mismo problema. Lo que invita a la confusión es que ambas crisis corresponden a tiempos y escalas diversas, y son abordados desde culturas académicas que la Modernidad ha diferenciado entre ciencias y humanidades: una visión biológica y geológica domina en el primer caso, mientras que la perspectiva social se impone en el segundo. El clima y su relación con la biosfera obliga a borrar la frontera entre ambas culturas.

Así pues, si la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, cuya decimoquinta edición se celebra estos días en Copenhague (Dinamarca), es tan relevante -más allá de los resultados concretos a los que se lleguen en la última reunión- es porque tiene implicaciones políticas, ideológicas, ecológicas y económicas de primer orden, como finalmente han terminado por reconocer las elites transnacionales de Davos, tras décadas de luchas por parte de los movimientos ecologistas. Lo que está en discusión es, a corto plazo, la evolución del capitalismo postindustrial; a medio plazo, el planteamiento de un escenario postcapitalista; y a largo plazo, el futuro mismo de la especie humana.

En esta situación, podemos distinguir, simplificando, tres argumentaciones, una vez descartadas las negacionistas: por un lado están quienes, aceptando la necesidad de actuar políticamente, pretenden modificar lo menos posible el modelo neoliberal; por otro lado hay quienes promueven un "new deal" que incluya reformas económicas supuestamente "verdes" pero que tendrían en realidad efectos medioambientales y redistributivos perversos y podrían acelerar las políticas de acumulación por desposesión (adquisición de tierras para agrocarburantes, por ejemplo); y, finalmente, encontramos a los que sostienen que sólo una modificación profunda y progresiva de nuestra manera de vivir, tanto en lo que se refiere a la democracia como al modo de producción y consumo, puede afrontar la cuestión del cambio climático de manera justa (muchos emplean la expresión "green new deal" en este sentido). Cada uno de estos grupos es bastante heterogéneo.

Cuánto cuesta contaminar

Una herencia del primer planteamiento es el mercado de derechos de emisiones de CO2 que creó el Protocolo de Kioto a instancias de los Estados Unidos de Bill Clinton, Al Gore y Lawrence Summers, y que se considera la principal herramienta en la "lucha contra el cambio climático". El comercio (trade) de derechos de emisión es un sistema por el cual los gobiernos o entidades supranacionales asignan a las empresas cuotas para sus emisiones de gases de efecto invernadero en función de los límites (cap) máximos de contaminación fijados para un determinado período (de ahí que se conozca al sistema como cap and trade). Cada "derecho" autoriza al titular a emitir una tonelada de CO2.

Para entender mejor su funcionamiento, veamos qué sucede en la Unión Europea. En virtud de Kioto, a la UE se le ha asignado una cantidad autorizada de emisión de CO2 y de otros gases de efecto invernadero (equivalentes en dióxido de carbono). Esos derechos de emisión para el período 2008-2012 se establecieron en 1997 en relación con los niveles de 1990, afectados de un porcentaje de reducción del 8 % con respecto a ese año. Esa es la cantidad que Europa puede contaminar. Si, por las razones que sea, las empresas de la UE no pueden llegar a cumplir con sus compromisos de reducción, entonces tienen la posibilidad de comprar a otro país, como Rusia, permisos de emisión que dicho país no ha necesitado usar (gracias, dicho sea de paso, al colapso de la economía soviética, el mayor recorte de emisiones que se ha dado en la era industrial). Para poner en funcionamiento este sistema, la UE creó, además, un régimen comunitario de comercio de emisiones propio (ETS por su siglas en inglés) que se articula en torno a planes nacionales de asignación (que en el futuro será reemplazado por una asignación única comunitaria). Otros países desarrollados han instaurado sistemas cap and trade similares.

Este mercado refleja un notable esfuerzo por "endogeneizar" o internalizar las externalidades negativas de la actividad económica, en este caso mediante la atribución de un precio no a la propiedad de una mercancía, sino al derecho de uso de un bien común como es la atmósfera. Hay otras maneras de hacerlo, vía impuestos por ejemplo, opción que los Estados descartaron en una época en la que el neoliberalismo se presentaba como la única alternativa posible. Hasta entonces lo que se había hecho era o bien "exogeneizar" estas externalidades -deslocalizando industrias contaminantes- o mantener la posibilidad de extraer constantemente externalidades positivas sin tener en cuenta el coste de las negativas. Por esta razón, los partidarios del comercio de derechos ven en el desarrollo de este mercado un avance. En realidad, más que un mercado "libre" se trata de un mercado fuertemente administrado por los Estados e instancias supranacionales, pues las asignaciones de derechos que hacen los gobiernos sobredeterminan el juego de la oferta y la demanda y por tanto los precios. Los socialdemócratas sostienen que ahora hay reglas donde antes no las había, y es cierto. Lo que es discutible son las consecuencias que imponen dichas reglas.

En la práctica este esquema no ha servido por el momento para incentivar las reducciones de emisiones y contribuir a mitigar el calentamiento global. Ante la presión de las empresas industriales y debido a las dificultades para calcular estas externalidades, se otorgaron de forma gratuita más derechos de lo que necesitaban las empresas que contaminan. En la UE esto generó, sobre todo en la primera fase de la implantación del ETS, un excedente de permisos que se han vendido a otras empresas contaminantes y que así evitan tener que reducir sus emisiones de gases. Como el número de permisos se calcula de acuerdo con los niveles existentes de contaminación, resulta que quienes han contaminado más en el pasado son los que reciben las mayores ayudas. Este factor, junto con la crisis económica actual, ha contribuido al desplome de los precios de los derechos de emisiones (carbon crunch), lo que a su vez desincentiva las reducciones previstas al disponer las empresas de excedentes de derechos que pueden "titulizar" y vender en los mercados secundarios.

Otro mecanismo flexible es el mecanismo de compensación de carbono del Mecanismo de Desarrollo Limpio, que gestiona Naciones Unidas, por el cual los países más industrializados pueden invertir en proyectos de reducción de emisiones en los países menos desarrollados y de esta manera superar los límites de contaminación (al obtener una especie de crédito). La supuesta reducción en la emisión se calcula sobre la hipótesis de cuántos gases de efecto invernadero hubieran entrado en la atmósfera en ausencia del proyecto (1). Un cálculo, como mínimo, aventurado, que queda en manos de empresas consultoras, y que según la red Carbon Watch incrementa -en lugar de reducir- las emisiones globales debido a las numerosas lagunas que existen en su regulación. De nuevo, se trata de asignar un precio mediante la creación de un mercado y de concebir las finanzas como una forma de gobernanza de la vida y de atrapar el futuro en el presente.

Cuestión de tiempos

Antes he sugerido la idea de diferentes temporalidades y escalas que se entrecruzan a la hora de abordar el cambio climático. La referencia a la especie humana nos sitúa en un tiempo muy largo, geológico. El marco temporal de la política era hasta hace poco mucho más estrecho, y si bien en ocasiones podemos retrotraernos en la discusión a los albores de la contemporaneidad, con el surgimiento del capitalismo, difícilmente escapamos al corto plazo de la longevidad humana. En este marco la especie humana se encuentra polarizada en divisiones sociales múltiples que dan lugar a interacciones y conflictos.

La perspectiva ecologista obliga por tanto a superponer todas estas temporalidades, lo que no resulta nada fácil. Esto se puede comprobar en el agrio debate que se está dando en el citado tercer grupo, el de los que privilegian una transformación hacia una sociedad más justa y sostenible, y que corre el riesgo de reproducir una falsa alternativa entre reforma y revolución o peor, entre ecología y economía. En el último número de la revista digital Turbulence (2) , Frieder Otto Wolf, ecosocialista alemán, y Tadzio Mueller, editor de la revista y miembro de la Climate Justice Action Network (ahora detenido en Copenhague), discrepan sobre el alcance de un posible consenso global sobre el clima. Mientras Otto Wolf sostiene que hay que "secuestrar el acuerdo" entre la constelación de fuerzas realmente existentes, en lugar de rechazarlo a la espera de un mundo no capitalista, Mueller estima que es necesaria la construcción de sujetos antagonistas, lo que "sólo se puede hacer marcando una clara oposición a las propuestas que están sobre la mesa".

En este punto puede ser de utilidad la referencia de Immanuel Wallerstein sobre el malentendido que surge al enfatizar tiempos políticos diferentes, ya sea el corto, el medio, o el largo plazo (3). Otto Wolf se centraría en la agenda política de corto plazo (la "emergencia climática", aunque con un ojo sobre el largo plazo), mientras que Mueller insiste en lo que Wallerstein denomina la agenda política de medio plazo, que corresponde, como mencioné antes, a las estrategias de superación del capitalismo. Si en el corto plazo, la estrategia es la del compromiso y la elección del mal menor, en el medio plazo no cabe compromiso alguno, sino la lenta construcción de los movimientos, de otra sociedad.

En un reciente ensayo (4), el historiador bengalí Dipesh Chakrabarty pretende superar esta disyuntiva, precisamente con una reflexión sobre las temporalidades históricas. Chakrabarty se pregunta si hablar de especie humana acaso no sirve para enmascarar la realidad de la producción capitalista y la lógica de la dominación imperial. Un término tan inclusivo oculta la responsabilidad específica de los países más ricos y de las clases dirigentes de los países más pobres. Dicho de otro modo: "¿Por qué no podría bastar la narrativa del capitalismo -y por tanto su crítica- como marco para interrogarse acerca de la historia del cambio climático y comprender sus consecuencias?"

Chakrabarty se responde a sí mismo argumentando que cualquiera que sea el modelo socioeconómico,

"no podemos permitirnos desestabilizar las condiciones (tales como el rango de temperatura en el que existe el planeta) que funcionan como parámetros fronterizos de la existencia humana. Estos parámetros son independientes del capitalismo o del socialismo. Han permanecido estables durante mucho más tiempo que las historias de estas instituciones y han permitido a los seres humanos llegar a ser la especie dominante sobre la Tierra. Desafortunadamente, ahora nos hemos convertido en un agente geológico que perturba estas condiciones paramétricas que necesitamos para nuestra propia existencia.

Con esto no quiero negar el papel histórico que los más ricos, y especialmente las naciones occidentales del mundo, han jugado al emitir gases de efecto invernadero. Pensar como especie no implica resistir las políticas de la "responsabilidad común pero diferenciada" que China, India y otros países en desarrollo desean seguir cuando se trata de reducir sus propias emisiones. Si responsabilizamos a los que son culpables retrospectivamente - es decir, culpar a Occidente por sus acciones pasadas- o aquellos que son culpables prospectivamente (China acaba de superar a los Estados Unidos como el principal emisor absoluto de dióxido de carbono, aunque no per cápita) es una pregunta que sin duda está vinculada a las historias del capitalismo y de la modernización. Pero el descubrimiento científico del hecho de que los seres humanos se han convertido en este proceso en un agente geológico apunta hacia una catástrofe compartida en la que todos hemos caído"

Y concluye:

"Por tanto resulta imposible entender el calentamiento global como una crisis sin comprometer las propuestas que avanzan estos científicos. Pero al mismo tiempo, la historia del capital, la historia contingente de nuestra caída en el Antropoceno, no puede negarse mediante el recurso a la idea de la especie, porque el Antropoceno no hubiera sido posible, ni siquiera como teoría, sin la historia de la industrialización. ¿Cómo podemos mantener las dos ideas juntas mientras pensamos la historia del mundo desde la Ilustración? ¿Cómo nos relacionamos con una historia universal de la vida -esto es, con un pensamiento universal- mientras retenemos lo que tiene un valor obvio en nuestra sospecha postcolonial de lo universal? La crisis del cambio climático reclama pensar simultáneamente en ambos registros, mezclando las cronologías inmiscibles de las historias del capital y de la especie. Esta combinación amplía, sin embargo, de diversas maneras, la misma idea de la comprensión histórica."

Chakrabarty piensa como historiador, pero lo mismo podría aplicarse al terreno político.

Evitar el shock

Volviendo a Copenhague y lo que venga, luchar porque los acuerdos que se deriven de este proceso sean mínimamente "aceptables" no excluye que este juicio de conformidad opere siempre dentro de una agenda política de medio plazo (una o dos generaciones), de transición del vigente modelo económico y político a otro diferente.

Los gobiernos y las corporaciones también abordan la problemática de los tiempos, pero por medio de las finanzas. Al insistir en esta vía existe el riesgo de que el "shock" climático (5) presente nuevas oportunidades para la explotación y la acumulación, por medio de mecanismos como la deuda (6) o a través de la normativa del comercio internacional (7). Los movimientos sociales que se han desarrollado en torno al Foro Social Mundial han demostrado cómo la deuda externa ha servido, bajo el neoliberalismo, para transferir ingentes recursos a los países desarrollados e imponer modelos de desarrollo basados en grandes inversiones "sucias" enfocadas a la exportación. Estas inversiones por lo general implican fuertes emisiones de carbono (desde la industria extractiva minera hasta la producción masiva de celulosa o de soja transgénica), sin tener en cuenta la deuda ecológica y climática que los países más avanzados habrían contraído con el sur ni los formidables procesos de privatización que traen consigo.

A su vez, las reglas de la Organización Mundial de Comercio dificultan, cuando no contradicen abiertamente, la aplicación de los acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente. El último capítulo es el energético, donde en nombre de la seguridad en el aprovisionamiento se promueve la extracción de combustibles fósiles (gas natural) y se desempolvan viejos planes nucleares. Propuestas que tienen mucho que ver con sistemas centralizados de producción y distribución de la energía que necesitan crear una demanda siempre en aumento.

Muchas de las propuestas que se están debatiendo continúan en la línea de la monetarización y la creación de títulos de propiedad o equivalentes para aprovechar los bienes comunes. El programa REDD de Naciones Unidas, creado a raíz de una propuesta del Banco Mundial, parte de la premisa de que sólo asignando un valor monetario a los bosques se puede evitar la deforestación, sin que a este respecto se tenga en cuenta ni los conflictos no resueltos sobre los derechos sobre la tierra ni la distinción entre plantaciones privadas y tierras comunitarias. Otras propuestas se basan también en el mercado: dudosos esquemas de certificación a menudo controlados por transnacionales, producción masiva de biocarbón, liberalización de bienes y servicios medioambientales, etc.

Por tanto, no se puede discutir acerca de los sumideros de carbono o del biocarbón, en relación con el cambio climático, con independencia de la cuestión de la propiedad y las formas de organización, locales y globales, de la especie humana. En sí mismo, el biocarbón (la producción de carbón de manera artificial a partir de la biomasa) no es ni bueno ni malo. Por un lado, históricamente se ha usado como fuente de energía y como fertilizante natural en la agricultura. Sin embargo, cuando se propone como "solución" para mitigar el cambio climático, desde una concepción de mercado, se acaba considerando una producción a gran escala que inevitablemente requiere dedicar millones de hectáreas a la producción de biomasa (mediante plantaciones privadas de árboles genéticamente modificados), desplazando otros usos de la tierra y generando fuertes impactos en la producción de alimentos y en la biodiversidad, como se ha comprobado con la producción masiva de agrocarburantes.

Para evitar una burbuja "verde" y sus posibles "shocks" habrá que continuar cambiando la manera de pensar y actuar políticamente, dejando de priorizar la escala global y sus representantes como el único nivel aceptable de la acción política, superando las dicotomías público/privado, economía/ecología. Dejar, en definitiva, de considerar lo común únicamente desde lo público o lo privado, o como algo que afecta únicamente a bienes naturales considerados externos a nosotros, como el clima, para pasar a la producción democrática del común.

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(1) En este apartado me baso sobre todo en el excelente informe "Carbon trading: how it works and why it fails", publicado por la Fundación Dag Hammarskjöld (Critical currents n. 7, noviembre de 2009) y elaborado por Tamra Gilbertson y Oscar Reyes, dentro del proyecto Carbon Trade Watch del Transnational Institute.

(2) "Green New Deal: Dead end or pathway beyond capitalism", Turbulence, nº 5.

(3) "Remembering André Gunder Frank", Immanuel Wallerstein (Monthly Review, abril de 2008).

(4) "The climate of history: four theses", Dipesh Chakrabarty, Eurozine (30 de octubre de 2009).

(5) Analogía con la "doctrina del shock" de Naomi Klein, empleado por Slavoj Zizek, según el relato de James Burguess en "Everybody's gone green", New Statesman (24 de noviembre de 2009).

(6) "The climate debt crisis: why paying our dues is essential for tackling climate change", Jubilee Debt Campaign & World Development Movement (noviembre de 2009).

(7) "Change trade, not our climate", Ronnie Hall, Our world is not for sale (OWINFS) network (6 de octubre de 2009).